Fueron tres victorias consecutivas las que protagonizó Julio Cesar Chávez en 1995, antes de tomarse unas vacaciones por Europa. Pese a los últimos triunfos, su carrera deportiva no era la misma desde la sorpresiva derrota ante Frankie Randall en 1994 en el MGM de Las Vegas, la cual le quitó el título CMB peso superligero y un invicto de 90 combates.

En aquellos días en los que se alejó del cuadrilátero para pasear por el viejo continente ocurrió un hecho increíble. Según portales mexicanos, que citan a la biografía del boxeador titulada “Julio César Chávez: La verdadera historia”, su hermano Rodolfo detalló el momento en el que el ex púgil azteca decidió inhalar cocaína en el baño del papa Juan Pablo II durante una visita al Vaticano.

Fueron cinco meses que pasó afuera de los cuadriláteros y, en su recorrido por Europa, Chávez tenía un objetivo definido: viajar a Roma y conocer al Papa. Lo primero que hizo al llegar a la capital de Italia fue pedirle a su entorno que le consiga una reunión con Juan Pablo II.

“No, ¡No quiero ir nomas a misa! Quiero ver al Papa de frente, quiero que me reciba en el Vaticano, en privado. Hablen con quien tengan que hablar, quiero ver al Papa”, fueron las palabras del boxeador, tal como aparecen en el libro escrito por Javier Cubedo.

Finalmente lo consiguió. Su santidad accedió al pedido del mexicano y lo recibió en sus instalaciones. “Bienvenido Julio César, es un honor para mi que me honres con tu visita, hijo”, le dijo y así entablaron un diálogo que detalló su hermano Rodolfo en la biografía publicada en agosto.

–El honor es para mí -Julio le dio un fuerte abrazo- ¿Y cómo le digo?, ¿señor, Papa, su santidad…?

-Me puedes llamar Juan Pablo ¿sabes? Me encantan tus peleas, eres un digno representante de tu deporte y tu país.

-¿En serio? -preguntó Julio con una gran sonrisa- Oiga, está bien bonito todo aquí. ¿Puedo ver su recámara?

Según indica el texto, Juan Pablo II accedió y le mostró su habitación, en la que Julio César Chávez se atrevió a preguntarle si podía utilizar su baño, recibiendo una respuesta afirmativa. “Discúlpame, Diosito -se dijo entre dientes- perdóname”, antes de entrar.

“Mi hermano sacó de su pantalón un papel que envolvía cocaína, la distribuyó sobre el mármol para después inhalarla, dejando completamente limpia el área del lavamanos. Julio jaló la palanca del excusado para que pensarán que entró al baño por otra cosa”, relató Rodolfo, hermano del boxeador.

Finalmente, Chávez “volvió con Juan Pablo II y pasaron a otro recinto del Vaticano, donde reciben a las visitas; en ese lugar Juan Pablo le dijo que estaba orgulloso de la carrera que había hecho como boxeador y le dio su bendición”.