| El San Marcos regresa
La lluvia pertinaz inició al anochecer, su caída constante arrulló mi cansancio y dormí durante toda la noche con el aguacero que no cesó. La ciudad se levantó perpleja al día siguiente, el agua seguía cayendo y el río, ese río callado que muchos piensan muerto, despertó; el cauce del San Marcos volvió a tomar su rumbo atravesando Ciudad Victoria con furia tal que a media mañana se empezaron a cerrar los accesos de varios puentes que comunican la ciudad, debido a la gran cantidad de agua que los empezó a cubrir; el caos vial no se hizo esperar, muchos conductores enloquecieron, la ciudad nuevamente recordaba que tenía un río vivo.
Ciudad Victoria fue fundada como la Villa de Santa María de Aguayo en el año de 1750 a orillas del Río San Marcos, sus pobladores aprendieron a convivir con él, se cuenta, que cada vez que era época de lluvias, el río, siempre caudaloso, embravecía y sus aguas arrasaban con casas y cuanto encontraba a su paso.
Contaba la maestra Aída Varela que el San Marcos hacía tantos destrozos cada vez que su caudal crecía, que los antiguos pobladores de Victoria creían que tenía el diablo metido, cansados de sus travesuras le pidieron ayuda a un sacerdote para que lo exorcizara, así, un buen día, la gente se concentró en sus márgenes y el cura realizó la ceremonia para sacarle el demonio.
Decía la maestra que a partir de ese momento el río empezó a calmarse poco a poco, durante los días siguientes se mostró muy tranquilo pero nadie se percató que desde ese momento se empezó a secar. Fue perdiendo la fuerza y el agua, y desde entonces sólo de vez en cuando regresa endemoniado y nos recuerda sus días de vida.
Cuando llegué a vivir a Ciudad Victoria hace dos décadas, me atraía profundamente la atención ver el río totalmente seco, cada tarde que lo atravesaba en el camión urbano rumbo a la unive»» |
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»»rsidad; tal vez me gustaba porque me recordaba los paisajes naturales de mi pueblo y era un respiro ver la maleza y los árboles que crecían en su cauce, era un verdadero pulmón que la mayoría de las personas veía con indiferencia; me preguntaba ¿por qué esa zona de la ciudad estaba abandonada a pesar de que cruzaba por el centro de Victoria? incluso muchos le llamaban y todavía le siguen llamando el San Piedras para significar que es un río muerto, seco, sin importancia.
Algunos consideran que es un peligro la vegetación que crece en él y que si no se limpia puede provocar desagracias en la ciudad, otros dicen que hay que construir espacios recreativos, otros más sugieren que hay que pavimentarlo y hacer carriles alternos a los bulevares que corren paralelos a él. A la mayor parte no le interesa ninguna opción, simplemente son indiferentes.
El San Marcos volvió a levantar la voz como lo ha hecho cada 10 años aproximadamente: en el Gilberto, en la tromba de 1996 y ahora con Alex; recuperó su fuerza de antaño, volvió a enfurecerse para mandarnos señales de auxilio, recordarnos que sigue vivo, que aún podemos conservar el paisaje que corre por su cauce.
Me llamó la atención la gente que fue a verlo, en distintos puntos de su cruce, niños, jóvenes y adultos se apostaron en la orilla sólo para disfrutarlo, a pesar que la lluvia no terminaba de caer. Ahora después de de varios días de su ruidosa embestida, luce tranquilo, sus aguas cristalinas embellecen la ciudad, es un buen momento para voltear a verlo, descubrir su belleza, su encanto endemoniado.
Es una oportunidad para reconocerlo como parte del patrimonio natural que tenemos olvidado y ensuciamos sin respeto alguno. El San Marcos nos quiere y cuando nos extraña regresa, juguetón y violento, sí, así es él como cualquier río que cuando lo agraden huye.
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