Aquel joven estudiaba la preparatoria en Ciudad Victoria, pero su sueño no era ejercer una carrera técnica o ingresar a la universidad: su más grande anhelo, como el de muchos adolescentes, era ser jugador profesional de beisbol.

Solo había un problema: a finales de los ochenta la capital de Tamaulipas estaba lejos de ser considerada un semillero de beisbolistas. Si Ismael quería desarrollarse en ese deporte, su única opción, salvo contadas excepciones, era emigrar de su ciudad natal. Tal vez al Distrito Federal o a Monterrey.

Afortunadamente para Ismael Álvarez Valdez, una de esas excepciones se encontraba en el alma máter de los tamaulipecos.

En 1982 había llegado a la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) Salomón Robbins Williams procedente del Comité Olímpico Mexicano (COM) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), instituciones donde se había desempeñado como entrenador.

“En ese entonces me invitaron a integrarme a la UAT Enrique de la Garza Ferrer y Óscar Parra Durazo. A Parra lo conocí porque estuvimos juntos en el COM, él fue capitán de la selección nacional de voleibol y en 1999 ingresaría al Salón al Mérito Deportivo en Tamaulipas”, nos explicó Salomón Robbins.

“Comencé entrenando a los de futbol americano en acondicionamiento físico, luego a equipos de atletismo de 100, 200 y 400 metros. Llevo 31 años ininterrumpidos entrenando atletas. A Ismael comencé a entrenarlo cuando era estudiante del CBTIS 119”,dijo Robbins.

Pero, en contra de lo que se pudiera pensar, Salomón Robbins nunca fue pitcher, ni siquiera beisbolista. Aun así la historia le daría la razón a esta dupla entrenador–pupilo. Es cierto que Robbins no tenía experiencia en el llamado “rey de los deportes”, pero tenía algo mejor que ofrecer: el record mexicano de lanzamiento de jabalina, invicto durante 13 años.

Así comenzó la historia de Ismael “Rocket” Valdez, pitcher de los Dodgers de los Ángeles en las Ligas Mayores de Estados Unidos.