Ante el sentimiento de inseguridad y de impunidad que enfrentan, para el 50 por ciento de los brasileños que vive en las grandes ciudades, el criminal “bueno” es el criminal muerto, según un estudio publicado que revela la tolerancia social ante el asesinato de delincuentes a manos de la policía.

El Instituto Datafolha, uno de los más prestigiosos del país, publicó un estudio en el que el 50 por ciento de los brasileños residentes en grandes ciudades -donde la violencia e inseguridad son más acuciantes- se declara de acuerdo con la idea de que “el criminal ‘bueno’ es el criminal muerto”.

Un 45 por ciento se dijo opuesto, según Datafolha, que realizó el sondeo con una muestra de mil 307 personas en 84 ciudades brasileñas de más de 100 mil habitantes.

Los expertos señalaron que esta idea es defendida ante el sentimiento de inseguridad y de impunidad que vive parte de la población respecto a los criminales.

“Como la sociedad no ve una salida concreta para la violencia, pasa a pensar que la única forma de acabar con ésta es por medio del exterminio físico del criminal”, explicó el presidente de la comisión de derechos humanos del colegio de abogados de Sao Paulo, Martim Sampaio, citado por el diario Folha de Sao Paulo.

Esta encuesta se publica pocos días antes de que el Foro Brasileño de Seguridad Pública –una institución que mide la violencia en el país- publique su estudio anual, que debe destacar el aumento de la muerte de supuestos criminales a manos de policías.

La policía brasileña es una de las que más mata en todo el mundo, si no la que más, según estadísticas oficiales.

El año pasado más de mil 200 personas murieron solo en los estados de Río de Janeiro y Sao Paulo en operaciones policiales, un dato extremadamente alto si se compara con el cómputo total en países como Estados Unidos (413 fallecidos en 2013) o Sudáfrica (706 en 2013).

Organizaciones no gubernamentales y el propio Estado reconocen que, además, las fuerzas de seguridad recurren a acciones ilícitas como la manipulación de pruebas o la intimidación de testigos para que ejecuciones policiales en favelas y comunidades pobres queden impunes.