Washington (Notimex).- El Papa Francisco pidió hoy a los obispos de Estados Unidos acoger “sin miedo” a los migrantes y ofrecerles “el calor del amor de Cristo”, recordándoles que ellos tienen mucho que ofrecer.

Esto durante un encuentro con todo el episcopado estadunidense que tuvo lugar en Catedral de San Mateo Apóstol de esta ciudad y en el cual Francisco pronunció su discurso en italiano, el idioma oficial del Vaticano.

El mensaje fue amplio y concreto. En otros viajes, cuando el líder católico se reunió con obispos lo hizo en privado, a puertas cerradas y con el formato de diálogo, con muchas intervenciones de los pastores y pocos comentarios suyos.

En esta ocasión cambió el esquema, no sólo porque los obispos estadunidenses son muchos (más de 400) sino, también, porque él mismo quiso dirigirles un mensaje que incluyó varias expresiones de aprecio pero también diversas críticas.

Enumerando sus preocupaciones más importantes, Jorge Mario Bergoglio habló de los inmigrantes y estableció que la Iglesia en este país “conoce como nadie” las esperanzas que están en el corazón de aquellos que han dejado sus casas en busca de un futuro mejor.

Reconoció que los obispos siempre han aprendido su idioma, apoyado su causa, integrado sus aportaciones, defendido sus derechos, promovido su búsqueda de prosperidad, mantenido encendida la llama de su fe.

Advirtió que actualmente ninguna institución estadunidense hace más por los inmigrantes que las comunidades cristianas y constató que una “ola de inmigración latina” ha golpeado a muchas diócesis del país.

“No sólo como obispo de Roma, sino también como un pastor venido del sur, siento la necesidad de darles las gracias y de animarles. Tal vez no sea fácil para ustedes leer su alma; quizás sean sometidos a la prueba por su diversidad”, indicó.

“En todo caso, sepan que también tienen recursos que compartir. Por tanto, acójanlos sin miedo. Ofrézcanles el calor del amor de Cristo y descifrarán el misterio de su corazón. Estoy seguro de que, una vez más, esta gente enriquecerá a su país y a su Iglesia”, añadió.

En otro pasaje de su discurso aseguró que sigue con atención el “enorme esfuerzo” que realizan para acoger e integrar a los inmigrantes que siguen llegando a Estados Unidos con la mirada de los peregrinos que se embarcan en busca de sus prometedores recursos de libertad y prosperidad.

También destacó el “firme compromiso” de la Iglesia estadunidense a favor de la vida y de la familia, la misión educativa en sus escuelas a todos los niveles y a la caridad en sus numerosas instituciones.

Constató que se trata de actividades llevadas a cabo, muchas veces, sin que se reconozca su valor y sin apoyo y, en todo caso, “heroicamente sostenidas” con la aportación de los pobres, porque esas iniciativas brotan de un mandato sobrenatural que no es lícito desobedecer.

Por otra parte el Papa recomendó también a los obispos ser pastores cercanos a la gente, próximos y servidores, una cercanía que debe expresarse de modo especial con los sacerdotes.

Pidió acompañar a los curas para que realicen su labor con “un corazón indiviso”, para que no se contenten con medias tintas, que no caigan en la tentación de convertirse en “notarios y burócratas”, sino que “sean expresión de la maternidad de la Iglesia que engendra y hace crecer a sus hijos”.