Por: Rigoberto Hernández Guevara

Ciudad Victoria, Tamps.- El edificio de la antigua escuela industrial tiene el misterio, la magia que solo el tiempo da. Hoy convertida en Oficinas del DIF municipal, en esta capital, se mantiene incólume, aunque sin el esplendor ni la algarabía de otros tiempos, la correría de muchachos yendo y viviendo todo el tiempo.

Es cuando pasas por ahí, repegado a sus enormes paredes que todavía sientes el respirar de aquellos tiempos. El resuello metido al cerebro de la ciudad en este edificio emblemático.

Era en 1928 cuando se concluyó esta escuela. Debió ser aún más inmensa en aquel tiempo. Abarcaba cuatro manzanas de las últimas cuadras sanas y sin monte de la pequeña ciudad. Ahí llegaban chamacos hasta de 16 años a inscribirse, tal vez más grandes por la flexibilidad del programa educativo. Se graduaban en oficios como carpintería, fundición, soldadura y forja, mecánica automotriz.

El régimen militar visto a los lejos con sus uniformes caqui y su boina roja, al marchar daban ese momento mágico y de melancolía hitleriana. Aunque con miles de veces menos represión, ciertamente esta escuela gozó de prestigio durante todo el tiempo de su existencia, incluyendo los últimos años como secundaria, por su sabia virtud de manejar la disciplina.

El conjunto arquitectónico es clásico, me refiero al neoclásico del siglo XIX. Del otro lado de la guerra. De los jardines que prevalecen en un pequeño corredor, al vestíbulo o tapanco con prendas de la arquitectura griega y romana. En el centro predomina un gran edificio que debe contener las oficinas principales.

Durante el periodo en el cual este edifico fue escuela, la dirección ha estado ubicada al suroeste del edificio, junto a una cancha de básquetbol que no hace mucho fue derruida.

Por ahí entraban los padres por las tardes a recibir una queja del director tratando asuntos de los hijos.

Hasta no hace mucho tiempo dicho edificio fue también escuela del ITACE, lo cual no lo alejaba de su pasado. Al cabo es hoy una oficina del Municipio de Ciudad Victoria. Hay programas asistenciales y oficinas administrativas.

Hay galerones que fueron talleres durante la guerra de avionazos de parte de los chiquillos de la secundaria bajo la dirección de don Jesús Ramírez. Fue en los días, como escuela secundaria, cuando el edificio adquirió a casa llena su mayor esplendor.

Eran clásicos los maestros Cecilio Becerra y el profesor Federico Mendivil de Inglés. Verdaderas celebridades en biología la Doctora Lavín Paz; en español, la maestra Ludivina Benavides Peña. Había un laboratorio bastante exótico para los chamacos de segundo. Muy a la Luis Pesteur con sus mechero de bunsen de gas.

Si de 1960 al 2000 la escuela secundaria técnica, industrial y comercial N° 30 como se le llamó en un principio, y luego, Escuela secundaria técnica industrial número 30. Y finalmente la hoy aledaña a este edificio, Escuela secundaria Técnica Número 1.

Había gente mayor de edad allá por los 60, de 18 y 20 años. Hasta que una restricción habida por parte de la SEP, ahí de mediados de los 70, en que se abrieron a propósito escuelas para trabajadores.

En peso específico la escuela soportaba una excelente banda de guerra. Muy competitiva. Sus logros deportivos se multiplicaron a los comienzos de su historia, valores de los muchachos que deseaban destacar desde un barrio bajo.

Para muchos padres que lo recuerden, por años, esta escuela fue una alternativa viable dadas la disciplina a que era sometidos sus estudiantes. Cosa rara era que los dejaran traer el pelo largo. A esta escuela le hicieron usar primero el pantalón guindo, luego fue caqui con camisa blanca y luego era pantalón y camisa caqui.

Había jóvenes provenientes de la Horacio Terán, la Pedro Sosa. Llegaban a pie, más temprano que otros. Había alumnos de la colonia Mainero y de la Obrera del barrio del «Pitayal». A ellos les tocó ver el mundial en el azteca en uno de los galerones, en un taller de moldeo.

Una vez que timbraban y los chiquillos jovenzuelos corrían a los grandes bebederos a llegar primero y espiar a las demás chiquillas. Había talleres de electrónica y electricidad y de taquimecanografía.

Un recorrido por los camellones centrales que se extienden en amplias explanadas te llevan en esos enormes barcos que son las viejas edificaciones así dispuestas. Como en plan de ataque.

Por el centro es el regio edificio del cual hablábamos, con su vestíbulo o templete rectangular de corte italiano, el resto el edificio es clásico mojada en el mediterráneo. El mismo edificio se reparte en aulas en sus primeras y segunda planta. Si te asomas, en la parte trasera que da al último edificio, encuentras una cafetería. Dicen que siempre ha estado ahí. Para ver llover por las tardes inmensas.

Más al norte enfrentas al edificio de 4 plantas, típico de la arquitectura alemana. De la posguerra, muy semejante al edificio “Baushaus”, cuyas características predominaron durante el racionalismo alemán, es esta forma sencilla y utilitaria con una gran base. Estos edificios proliferaron durante la reconstrucción de Europa. Cabían ocho grupos en hilera y en medio sobresalía la escalera de caracol.

Por muchos años en la parte de arriba este edificio contuvo amplios laboratorios de química y Física.

En la primera planta se asentaban los baños, que efectivamente tenían regaderas para cuando se ocuparan.
Los talleres eran amplios galerones a dos aguas. Adentro se originaban verdaderos Nostradamus de la inteligencia, seres que sacan un hacha de un pedazo de fierro, niños muy pobres que vendían figuras de aluminio.

Lo que estas paredes nos dicen es que al fondo, al lado norte, había un gran campo de futbol. Antes de eso abajo de una gran ceiba se agarraban a pedradas los muchachos.

Eran los 60 y no había grabadoras, un maestro hizo una bolita de gente en su alrededor, porque llevó un toca cinta con dos enormes carretes desde donde se podía escuchar la música.
Pero hoy es distinto.