Por: Eduardo Castillo Mtz.

Este 25 de noviembre se conmemora “el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, instituido por la ONU en todo el orbe, con este tema, tuve la oportunidad de charlar con la Investigadora de la Universidad de Barcelona, España, Irma Saucedo González, quien abonó importantes conceptos a la problemática.

De visita en Ciudad Victoria para platicar con estudiantes de una universidad estatal, la también especialista del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB), reflexionó sobre la violencia de género y la importancia de no tomarlo como un tema menor.

“Es un tema que nos puede deprimir mucho, la situación que ahora enfrentamos, es por un lado, esta republica emocional, esta nación del sentimiento, de la empatía, que está bastante articulada; y por el otro, la necesidad de convertir esto en una respuesta en la construcción de una alternativa, ese es el reto que enfrenta México y que enfrentan las instituciones y el Estado Mexicano”, indicó.

Sostuvo que luego de 30 años investigando el tema a nivel mundial, puede decir que ninguna sociedad que quiera tener un estado de derecho y justicia se debe olvidar de la violencia contra las mujeres.

“La violencia se reproduce porque los padres y las madres callan a sus hijos con una bofetada, y le dicen cállese, y las parejas le dicen a su mujer tu no hables porque tú no sabes, la violencia de género es un ejercicio de poder y es funcional porque funciona, una bofetada ha socializado a una buena parte de la población mexicana, lo sabemos, porque hasta algunas personas se atreven a decir que es una buena receta una bofetada o una nalgada a tiempo, yo diría que a lo mejor es tiempo de ir cambiando nuestras recetas”, argumentó.

Apuntó que a nivel mundial la violencia de género garantiza un cierto tipo de orden, que es el predominio de lo masculino, de aquello que el varón determina, y dicha violencia contra las mujeres, se han tipificado de distintas mujeres, conceptos que han servido para clasificarla, pero no han servido para entenderla, al grado de que los ministerios públicos, muchos de esos tipos, no los considera como delito.

“Llevamos 30 años en este país a los jueces, a los ministerios públicos, a los presidentes, a los gobernadores, es un problema prioritario de la sociedad, lo hemos oscurecido, lo hemos olvidado y lo hemos minimizado… El acoso sexual se da en los Gobiernos y en las escuelas, porque ahí está presente y encarnado el mandato simbólico de la masculinidad y feminidad”, señaló.

Descartó la explicación bilógica del tema, “que no nos digan que los hombres son violentos porque tienen  testosterona, así como no nos pueden decir que no pensamos bien porque tenemos un útero… Cualquiera puede parar la violencia porque no es un impulso sin control, no es que así sean y si se puede parar porque somos sujetos pensantes, y tenemos que pensar con este mensaje desde la niñez”.

Explicó que culturalmente a los hombres se les permite golpear, porque se les dice que se defiendan y que sean hombrecitos, es decir, hay todo un discurso de identidad que les hace creer a los hombres que ejercer violencia es ser hombres.

“Pero también encontramos a mujeres ejerciendo violencia contra otras mujeres, porque el patrón cultural hace que cuando construimos identidades en estas culturas antiquísimas, como es la nuestra, nos hace pensar que hay buenas y malas mujeres”, argumentó.

Disertó que por muchos años el problema ha sido abordado de manera errónea, “nos hemos concentrado en porque le pega, en porque se deja o porque no sale, ósea hasta el infinito y eso es tan arcaico como decir que la violencia está en los genes. Tiene que ver con un institucional que ha garantizado la impunidad. Institucionalmente hay una venda y una resistencia para ver”.

“Pero la violencia domestica se dan en los hogares contra mujeres, contra niños, ancianos y contra minusválidos, y si eso es cierto hablamos de tres terceras partes de la población”, y en este sentido negó que existan victimas indirectas en la violencia intrafamiliar, ya que el daño que sufren los menores al presenciar la violencia los hace victimas silenciosas.

“Yo les digo a los ministerios públicos si saben en que se van a convertir esos niños, y luego decimos que, como es posible que los criminales hagan los horrores que hacen; pero jamás nos hemos preguntado, que le pasa a un chico que observa como maltratan a su madre”.

Puntualizó que es necesario, que los programas de prevención empiecen desde la secundaria, que es cuando inician las jovencitas el proceso de enamoramiento, “ósea si te prohíbe esto y te dice esto, entonces ya hay indicadores, va ser un agresor, no te cases con él, esa es un gran campaña y hay que hacerlo”.