Por: Eduardo Castillo Mtz.

Recientemente se anunció la incorporación de nuestro país, a los esfuerzos internacionales por frenar los delitos virtuales, ilícitos que han crecido significativamente con el desarrollo del Internet en todo el mundo.

En el caso de México el problema no es diferente al de otros países en desarrollo, cuya prioridad no es precisamente el apoyo a la tecnología, y menos, a la creación de mecanismos que permitan, evitar las anomalías que se están presentando en este sentido.

En este escenario las redes sociales se han convertido en “un nicho de oportunidad”, para los delincuentes que operan a través del anonimato que permite el Internet. Existen también los llamados portales comerciales, que han ayudado a los empresarios a alcanzar niveles insospechados de ventas, pero que también se han constituido como eficaces herramientas para el fraude.

El caso de las tarjetas clonadas…

En Ciudad Victoria, recientemente se han consignado diferentes delitos virtuales que van desde el acoso sexual hasta los fraudes, pero un caso peculiar es la venta de tarjetas clonadas en la página www.locanto.com.mx, cuyo mensaje del ofertante dice “ofrezco tarjetas clonadas de México en plásticos y para compras en línea, garantizamos nuestro producto, damos pruebas de lo que vas a comprar antes de cualquier pago, ofrecemos seguridad y discreción”. Dicha publicación está en el portal comercial desde hace unos meses y hasta la fecha, ninguna autoridad ha evidenciado lo grave del asunto.

En entrevista a las 14:30 horas de ayer, en la presidencia municipal, la responsable en Victoria, de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF), Diana Lugo Torres, dijo que la clonación de tarjetas y su oferta libre en la red, es difícil de consignar porque existen miles de páginas con este mismo propósito.

Explica que en la mayoría de los casos, los fraudes tienen que ver con la oferta de algún producto o servicio en línea, “la alerta es para todos, porque cada vez aparecen nuevas modalidades de fraudes virtuales; son paginas que cambian constantemente de nombre, por lo que, no son fáciles de rastrear”.

Páginas dedicadas a denigrar…

Además los adelantos tecnológicos, han hecho más evidente – también – el mal uso de los llamados “Blogs”, espacios que son usados para denigrar la vida privada de las personas, publicando fotos íntimas y dañando su reputación e imagen. Los creadores de estos sitios, fotografían mujeres sin que ellas se den cuenta, victimas que posteriormente, se encuentran con una desagradable sorpresa… Imágenes de sus cuerpos o rostros, montadas en anatomías ajenas, para asemejar poses sugerentes.

Según los expertos en el tema, muchas de estas fotografías son captadas por personas cercanas a las victimas; de esta manera los “Blogs” han encontrado en la masificación de la pornografía cibernética el mejor de los negocios.

La chica del banco…

Un claro ejemplo de esta práctica, es el qué circuló hace algunos años y que significó el inicio de estos escándalos en Victoria; fue conocido como: “la chica del banco” o “la chica HSBC”. A través de presentaciones multimedia, las fotos de la joven fueron enviadas a las dependencias oficiales y educativas de la ciudad.

La victima, mujer de unos 25 años, profesionista que laboraba en un banco de Victoria, fue expuesta a la luz pública por un sitio denominado “chiwas-al-desnudo”, cuyos administradores operaban desde el estado de Chihuahua.

Emulando a este sitio, meses más tarde, un joven victorense detonó otro escándalo en la red cuando exhibió una serie de videos pornográficos y fotos de sexo explicito de supuestas estudiantes de centros educativos locales. Luego se supo que efectivamente, algunas mujeres eran universitarias de esta ciudad, pero la mayoría no correspondían a jóvenes de Tamaulipas. El caso fue olvidado, luego que el administrador cerrara la página y huyera de la ciudad.

De esta manera, mientras Ciudad Victoria se ve acorralada por malas prácticas y delitos virtuales, el ciudadano sigue esperando las leyes que protejan su integridad, pero sin tomar en cuenta, que somos los propios usuarios de la red, quienes hacemos populares este tipo de contenidos y no reparamos en el daño que una mala decisión puede causar a terceros, finalmente… Estamos al alcance de un clic.