Sin aparente plan o estrategia, un grupo de los autodenominados anarquistas consiguió ayer crear caos, confrontación y confusión durante la marcha conmemorativa del 2 de Octubre.

El contingente de agitadores, con el rostro cubierto, vestimenta oscura y el símbolo anarquista se mantuvo en medio del contingente estudiantil hasta que llegaron al centro. En el ambiente se percibía olor a alcohol, mariguana y thinner que consumieron en el trayecto.

Sobre la avenida Hidalgo se dio la primera provocación. Hombres y mujeres del grupo anarquista agredieron a los granaderos que resguardaban la Alameda Central, primero con palos y piedras y después arrojándoles petardos. Algunas vallas de dos metros de altura fueron derribadas.

Los uniformados respondieron los ataques utilizando gas y extintores, lo que provocó que la gente, asustada, corriera en todas direcciones. Agresores, pero también manifestantes y curiosos, se vieron afectados con la irritación en ojos, nariz y boca.

Al llegar a Puente de Alvarado los granaderos, e incluso un contingente de la Policía Montada, intentaron rodear la retaguardia de la protesta sin embargo, al frente no hubo un encapsulamiento. Ahí inició el descontrol.

Mientras algunos manifestantes se desmarcaban de los agresores, otros intentaban llegar hasta la formación policiaca para lanzar su artillería, que consistía en cohetones, petardos, piedras, inclusive los aerosoles que fueron usados como lanzallamas.

El avance era lento. Al llegar a la avenida Reforma los anarquistas se dividieron y obligaron a los uniformados a desperdigarse de igual forma.

Frente a la Iglesia de San Hipólito, se registró uno de los enfrentamientos más fuertes, pues ambos midieron fuerzas cuerpo a cuerpo, algunos utilizando sus escudos y gases.

En la entrada del Metro Hidalgo, los granaderos encapsularon a un grupo de jóvenes que fueron sometidos con golpes e incluso les lanzaron espuma de extintores directo al rostro.

Las voces de mando hicieron que los uniformados volvieran formar las filas y comenzaran a replegar a los inconformes. La batalla se trasladó a la Torre del Caballito, donde se registraron detenciones por personas vestidas de civil: policías infiltrados.

Los más duros embates los sufrieron los granaderos en este punto con cohetones, piedras, petardos y bombas molotov que lanzaron los anarquistas. Un policía se vio envuelto en las llamas, pero sus compañeros consiguieron sofocar el fuego rápidamente.

La escena en este punto parecía por momentos una fotografía de otros enfrentamientos. Pintas en monumentos y fuentes, ventanas rotas, parabuses destruidos, y tiendas saqueadas.

Pero también hubo diferencias. En contraste al 1 de diciembre, los anarquistas no parecían seguir una estrategia sólida de confrontación, no había voces de mando que los coordinaran ni tampoco estaban equipados.

Entre ellos, y los policías que no lograban contenerlos, parecía que no había un esquema y se trataba sólo de la confrontación en sí misma.

Tras casi 90 minutos de enfrentamientos que se dieron un tramo de sólo 1.5 kilómetros, que por momento cesaban pero tras algunas detenciones se reactivaban, la situación volvió a la calma, aunque la huella de la destrucción en las calles y negocios quedó como herencia del enfrentamiento.

Al final, por si hiciera falta un epílogo, las piedras quedaron en el piso y junto a ellas, los anarquistas bebieron cerveza en la glorieta del Ángel de la Independencia.