México (Agencias).- El último registro de preferencia electoral nacional de la entrega mensual de Parametría-El Financiero muestra los siguientes resultados. El partido en el gobierno federal, el PRI, cuenta con 32 puntos de preferencia electoral, como la primera fuerza política del país. Acción Nacional se ubica seis puntos por debajo con 26 por ciento y se consolida como la segunda fuerza electoral.

La izquierda representada por el PRD goza de 13 puntos de la preferencia electoral, seguido del Partido Verde que ya rebasa el mínimo de dos dígitos con 11 por ciento de preferencia. Morena se mantiene fuerte con 9 puntos.

De las restantes cinco fuerzas electorales sólo Movimiento Ciudadano obtendría registro. Es pertinente recordar que con una medición de 2.8 por ciento de margen de error es difícil medir con precisión aquellos partidos en la lucha por mantener su registro, Partido del Trabajo y Nueva Alianza, o aquellas fuerzas que quieren obtenerlo: Encuentro Social y el Partido Humanista.

Los eventos recientes en el país nos hacen pensar de manera intuitiva que la calificación del gobierno federal debería estar cayendo, que el PRI debería estar perdiendo puntos o que el PRD debería ser cuestionado por los ciudadanos. La población no percibe que la inseguridad haya mejorado sustancialmente, los números en economía no indican que nuestras tasas de crecimiento bajas hayan cambiado y ahora parece haber un nuevo tema electoral: la corrupción. El cual en los últimos días parece afectar al PRD.

Sin embargo, a diferencia de una elección de ejecutivos –presidente o gobernador– las elecciones intermedias federales suelen ser menos volátiles y la preferencia electoral menos personalizada (no hay candidatos) y más abstracta: se vota por un partido. La psicología política explica el voto como un hábito, una acción que se repite en el tiempo. En el presente solemos repetir lo que hicimos en el pasado. Para cambiar este hábito un estimulo externo (¿spots? o ¿escándalos?) debe cuestionar nuestra costumbre ya sea el mismo acto de votar o votar por un partido distinto al que hemos preferido a lo largo del tiempo.

La estabilidad en esta elección puede ser explicada también por la baja participación. Lo más probable es que esta elección esté entre 15 y 20 puntos por debajo de nuestra última elección presidencial. Un número alrededor de 45 por ciento si atendemos la tendencia histórica. Con este nivel de participación bajan los votantes independientes, es decir aquellos que no expresan ningún apego a una fuerza política en particular. Aquellos votantes con simpatía partidista, conocida coloquialmente como “voto duro” pasan a cobrar mayor peso en esta elección.

No obstante estas condiciones de elección intermedia, el elector no puede ser indiferente a lo que pasa a su alrededor, noticias, escándalos, comunicación de los partidos en la contienda, spots. Será lo que atestiguaremos en los siguientes casi 4 meses, de aquí al 7 de junio.

 

LA APROBACIÓN PRESIDENCIAL

La aprobación presidencial se mantiene estable baja. Una explicación puede radicar en la alta identidad priista del país. Un priista no dejaría que su presidente se desplomara. La segunda hipótesis radica en nuestra tendencia a evaluar al alza, como lo señalan nuestros indicadores de felicidad.

Es decir, solemos dar una respuesta social o política mente correcta, antes de ser críticos con nuestra situación o nuestras instituciones. Y la tercera explicación es que simplemente hay sectores del país que tal vez no se la están pasando tan mal y no son críticos con la gestión del presidente. Veremos con el tiempo si esta tendencia se mantiene. (PRIMERA DE DOS PARTES)