La Sierra Gorda es más que la suma de sus partes; es decir, la magnificencia de sus atractivos naturales radica en un conjunto de ríos, cascadas, sótanos, cuevas y sumideros que componen la zona más heterogénea del país.

Recorrer la Sierra Gorda significa ir cambiando de paisaje cada 15 o 20 minutos: semidesierto, bosque tropical, bosque de niebla, selva alta, selva baja; paisajes áridos, verdes exuberantes, matorrales, coníferas, encinos. En resumen, el viajero nunca se aburre y la cámara nunca para de tomar fotos distintas en esta zona declarada Reserva de la Biosfera.

Asimismo, enclavadas entre esta diversidad y riqueza ecológica, se encuentran las cinco misiones franciscanas de la Sierra Gorda, cinco espléndidos templos de mediados del siglo XVIII, joyas del Barroco mestizo que fueron declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad, muestra excepcional de la fusión de la cultura española con la indígena.