Ciudad Acuña, Coah. (Agencias).- Minutos antes de las seis de la mañana, Eduardo Morales despertó como de costumbre entre semana. Le llevaría media hora tomar un baño y desayunar, y saldría de casa con el tiempo justo para llegar puntual a la maquiladora de sistemas electrónicos para automóviles donde trabaja desde hace siete años.

Pero este lunes fue distinto para el padre de familia de 42 años. De pronto la lluvia y el viento que durante la madrugada apaciguaron el calor se convirtieron en violentos golpeteos en las ventanas de la casa en la colonia Altos de Santa Teresa, en el sur-poniente de este fronterizo municipio.

Eduardo se asomó a la calle y vio cómo la fuerza del viento tumbó varios postes de energía eléctrica y arrasó con el cableado. Un transformador de la Comisión Federal de Electricidad cayó frente a su casa y el estruendo lo hizo reaccionar.

“No tenía idea de lo que pasaba, estaba atolondrado, como hipnotizado, viendo los daños que el viento estaba causando; sacaba los postes de la luz, empezaba a mover los cables y las ventanas de las casas tronaban como si fueran una bomba”, relató.

“Reacciono y voy a la recámara de mis niñas. Una estaba dormida, la otra estaba llorando; despertó por los tronidos de la ventana que se rompió; estaba entrando mucho aire y agua, y no se me ocurrió más que llevarlas a la recámara donde estaba mi esposa; nos metimos bajo la cama y esperamos a que todo pasara”, agregó.

El obrero narró: “La verdad, creí que íbamos a morir. Puse a mi esposa y a mis hijas [de cinco y siete años] debajo de mí; las cubrí con mi cuerpo, creí que el techo de la casa iba a caer sobre nosotros y en esa posición trataría de cubrirlas. Esperé la muerte, pero mis hijas no lo supieron”.

Todo volaba dentro de la casa

Para Beatriz García la situación no fue distinta. El ruido de ventanas rotas y la explosión de transformadores eléctricos la despertaron. “Mi hija gritaba y nos resguardamos en el baño; vimos cómo volaban las puertas, ventanas, camas, el refrigerador, todo volaba dentro de la casa, los muebles iban y venían como si fueran papeles. El viento entraba con toda su fuerza por las puertas y las ventanas; bueno, por donde estaban las puertas y las ventanas porque el viento las arrancó.

Nos despertamos con eso. Anoche nos acostamos a dormir y todo tranquilo, había reporte de lluvias, de algunas tormentas, pero no imaginamos lo que iba a pasar casi en la mañanita. Después supimos que fue un tornado. Dios sabe lo que es eso”, comentó.

La casa se cayó

Miguel Rodríguez vive cerca de la casa de Beatriz. Cuando el tornado llegó, alcanzó a salir corriendo de su hogar, junto con su hijo de nueve años. Cuando la tormenta cesó vio su casa demolida de manera parcial; su esposa estaba dentro. Con el apoyo de vecinos, movió escombros, la rescató y trasladó a un hospital, donde convalece.

“Primero fue mucho ruido, golpes, todo volaba, el viento entraba con toda la fuerza a la casa. Luego se calmó, no se oía nada y al poco ratito empezaron los lamentos, el llanto, los gritos de quienes pedían ayuda. Es lo más horrible que me ha pasado”, dijo Mari Carmen Vélez, contadora pública que labora para una empresa local.

–¿Ustedes están bien? ¿Están todos bien? –pregunta un bombero a la señora Carmen Guerrero, quien mira su casa que se vino abajo por la fuerza del viento.

–“La casa se cayó, nosotros estábamos adentro, dormidos. Estamos vivos, estamos bien. Nada más Dios sabe lo que pasó, y por qué no morimos adentro”.