Sabinas, Coahuila.- La familia Duarte Ramírez no pensó que la fiesta de XV de Perla Yadira, su única hija, se prolongara hasta las 5:00 de la madrugada, ni que participaran tres grupos de mariachis, uno de cumbias, un dj, ni que hubiera espectáculo de luces, cabina de “selfies”, y ni que acudieran medios de comunicación regionales, estatales, internacionales y más de 3 mil 500 personas de Sabinas y otros municipios como Monclova, Nueva Rosita, Múzquiz, Piedras Negras y de ciudades de Estados Unidos.

“Esperaba a unas 70 o 100 personas y dar unos pellejos de pollo y frijoles”, dice Juan Manuel Duarte, “El Tarzán”, un conocido vendedor de yukis y elotes en el centro de Sabinas, en la región Carbonífera de Coahuila, a poco más de 300 kilómetros de Saltillo y a poco menos de 130 kilómetros de Texas, estado de la unión americana del que familiares viajaron para ir a la quinceañera y varios desconocidos mandaron dinero a la familia.

Arribaron medios de comunicación nacionales e internacionales, además de familia y amigos.

Todo comenzó cuando el padre de la quinceañera, Juan Manuel Duarte, decidió pasearla en su triciclo de trabajo por las calles de Sabinas, Coahuila, por las rutas que generalmente recorre para vender raspados. El padre de familia solo cumplía la ilusión de ver a su hija sonreír, al llegar a la edad de las ilusiones. No imaginando que las fotografías de su travesía se harían virales en las redes sociales.

El festejo

Estamos en la casa de la familia, en Agujita, Coahuila, en la entrada está el triciclo decorado con papeles rosas, el que volvió viral desde el viernes 4 de octubre cuando “El Tarzán” pedaleó llevando a su hija de quince años por las calles del centro de Sabinas. A una manzana, atravesando un terreno baldío, está el panteón de Guadalupe. Cruzamos el patio de tierra, hay un perrito pequeño junto al boiler y cajas con cientos de platos y vasos que sobraron de la fiesta, también hay jaulas con pájaros. Al fin entramos, por un pasillo estrecho en el que justo a un lado de la puerta se encuentra la estufa: encima está una olla enorme con menudo.

La mamá de Perla, Elsa Raquel Ramírez de la Rosa, nos ofrece un plato de menudo, como a todos los que han ido a su casa: desde exalcaldes y exfuncionarios de Sabinas, hasta amigos, conocidos y personas que la contactaron por Facebook para entregarle un regalo a su hija o poner algún detalle para el festejo del sábado 5 de octubre. Todo se armó en menos de 48 horas. Elsa y Juan Manuel no han parado ni dormido en dos días. Ella nos muestran su celular: 200 solicitudes de amistad tan solo esta mañana.

Desde el viernes han recibido tantas llamadas que los celulares hervían y les quemaba las orejas. Todas las llamadas eran iguales: queremos apoyar, tenemos un regalo para su hija, ponemos comida, díganos dónde depositarles, vengan a nuestro estudio para el maquillaje y el peinado, les ponemos los vestidos, les damos los zapatos, queremos tocar en la fiesta de Perla Yadira.

¿Por qué se volvieron tan famosos? Algunos papás rentan limosinas para sus hijas quinceañeras, algunos las llevan en caballos o carruajes, otros en autos deportivos; Juan Manuel decidió pasearla en el triciclo que desde hace 25 años usa para vender yukis cuando hace calor, o sea casi todo el año. Las personas le tomaron fotos y compartieron en redes sociales: en ese momento todo cambió.

Perla celebró sus quince años ante más de 3 mil 500 personas, de acuerdo con información de Protección Civil de Sabinas, en un salón al aire libre en la colonia Francisco Sarabia, bajo un cielo apenas iluminado por una media luna de octubre y con un calor otoñal que aumentaba en la pista de baile, donde al menos doscientos cuerpos enfundados en mezclilla, shorts, faltas vestidos, tacones, botas, tenis, sombreros, gorras, peinados, sudaban al ritmo de cumbia.

Cumpleaños especial

Festejaban la solidaridad, la vida y el mitote. Pero para la familia Duarte Ramírez era algo más.

Perla nació el 2 de octubre de 2004 a los seis meses y pesó apenas 800 gramos. Su cuerpo era tan pequeño y delgado que un anillo de su mamá le rodeaba el brazo sin problemas. Duró tres meses en una incubadora del Seguro Social de Nueva Rosita. Su madrina, una enfermera que atendió el parto y que desde entonces se volvió amiga entrañable de la familia, la cuidó y el 15 de noviembre permitió que Elsa, la mamá de Perla, pudiera abrazar y cargar a su bebé por primera vez: era un regalo de cumpleaños para la madre.

Juan Manuel y Elsa nos preguntan si queremos pastel, un bolillo, más refresco, en ese momento llega un hombre que trae un ropero de su mueblería: es para Perla. Lo bajamos de la camioneta, lo metemos a la casa y aprovechamos para ver un cuarto de paredes de block, piso de concreto y lleno de cajas de regalos, cupones para spa, cosméticos, mochilas, peluches, pulseras, anillos, collares, una tablet, un celular, dulces, cartas, globos, flores, incluso un colchón y la tarima.

Perla abre una caja sobre la cama y nos muestra otro regalo y otra carta: personas que no conocía la felicitan y le dicen que la quieren, que debería sentirse orgullosa de sus papás. Sonríe. Desde el sábado en su fiesta no deja de sonreír, sin importar que pasó casi cinco horas saludando y tomándose fotos con todos los que se acercaban a ella en la fiesta. “Pela los dientes”, le decían al final, cuando parecía cansada. Sus amigas le decían que ya era una artista o una famosa. Incluso compañeros del Cecytec de Agujita que en la secundaria se burlaban de ella llegaron a la fiesta. Sólo un maestro fue e intentó poner orden: “denle quince minutos para que descanse y luego siguen las fotos, dejen que se siente”, decía, pero la gente la volvía a abordar.

“El que prueba el agua de Sabinas, aquí se queda”, dice Elsa, lo dice con cariño y viendo todos los regalos y muestras de generosidad de los sabinenses, otros coahuilenses y paisanos, no queda duda: en Sabinas se sabe querer. Pero también tiene un doble sentido: en 2010 el río de la ciudad se desbordó y destruyó colonias enteras. La familia Duarte Ramírez perdió su casa ese año con esa tragedia. Sí. Probaron el agua de Sabinas y se quedaron.

O casi, porque desde ese año los trasladaron a Agujita, a unos 6 kilómetros del centro de Sabinas, donde todos los días Juan Manuel pedalea su triciclo vendiendo yukis, hace años gritaba como Tarzán hasta que un trailero le regaló una bocina con el grito grabado de Tarzán. En temporada de frío, Juan Manuel lleva un camper en su camioneta para vender elotes.

“Ese camper nos salvó la vida”, dice Juan Manuel cuando salimos de su casa y señala el artefacto de metal con una cadena alrededor de un árbol. “Siempre lo dejaba encadenado a una varilla afuera de la casa, y por eso el agua no se lo llevó”. Entonces con la venta de elotes sacó a su familia adelante, sin importar que perdieron la casa; Perla tenía apenas cuatro años.

El río está ahora seco. Sabinas tiene 63 mil 522 habitantes según el censo del Inegi de 2015, y el 5 por ciento de esas personas fueron a la fiesta de quince años de Perla Yadira. Muchos más que no fueron, sí ayudaron. Así como en 2010, el pueblo sabinense estuvo unido.

Sueño cumplido

“Queda ‘Tarzán’ para rato”, dice Juan Manuel ya sin el traje, en playera sin mangas. Él y Elsa Raquel, su esposa, con el apoyo de familiares, padrinos, vecinos, amigos, conocidos y desconocidos cumplieron el sueño de una quinceañera y le mostraron que la solidaridad es posible en este mundo. Lo que sigue, dice Perla, es seguir estudiando, graduarse y ser veterinaria.

Hoy Perla Yadira vuelva a clases de preparatoria. Su mamá la despierta a las 5:00 de la mañana, no para atender invitados, sino para que su hija esté lista. Queda tiempo para similar lo que pasó. Juan Manuel, Elsa y Perla siempre dijeron gracias y abrieron su casa y celebración a todos. ¿De qué sabor van a querer el yuki? (Vanguardia.com.mx).

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