Dibujo en la sombra de un libro, con mi cámara vieja e insoportable. Voy por todo en la nada, desde el fuego, dos veces nacido.

Desde donde soy, por donde entró la vida, por una espiral he salido, voy, he ido, me trajeron, los escuché correrme, dejarme ir, sacarme, decirme ves y fui… no pude quedarme en el vientre.

Salí sonriente. Para no variar y hacer quedar mal a los prudentes que se dieron cita aquella noche de abrazos.

Con la claraboya del alma, para ver dónde ando, con la semblanza de otro que anda en mi cuerpo, que sangra, que camina por dentro en sábanas blancas.

Para otro muerto desde éste nacido, desde éste espejo de vidrio, de cristal. Para este mismo momento de carne que sabe a sal, a saliva a sudor.

Desde una sola pisada, una palabra perdida, desde una palada, desde una roca ignea mareada a su salida del agua, desde al agua asoleada por donde entra la alegría y la risa, por donde una vez en todas partes, donde nadie había visto, hubo.

Por que estoy y nadie está. Para nadie lo mio es estar. Nadie dijo, nadie corrigió el acento, en el que yo moría en la morada grotesca de esperpento, el modelo sucio del fondo de una tienda, el humo del cigarro escapando de si mismo.

Si se abrió una herida es para que acabe, para que de una vez sea río, repentino escurrimiento de saliva. Vacío.

Dije una vez a todos, pero en el instante una sola palabra cayó de mi cuerpo, ha rodado, la hemos buscado entre todos, tal vez no dije nada, perdón, soy el hijo equivocado, el último estirón de un elástico. El fauno.

Quiere que escriba la mano, el pulso increíble, el cuaderno enfermo de mentiras, el espíritu traidor, el alma, el corazón agujereado, el brazo torcido, la mirada anulada por un solo silencio.

Quieren que diga lo de otros, que emperre la esquina, que salga corriendo.

Gracias, al bajar de un carro, a las falacias, a las manos en el bolsillo muerto, al mejor postor de la verdura, al amor cercado por un círculo vicioso, al amor de todos y de nadie, al cabrón amor ambicioso.

Desde una barricada de espuma te saludo día entero, maíz profundo. Desde una regadera en la cancha, en la solitaria y rápida justicia con que un cuervo se muda a otro árbol de hielo, con el hambre despedazada, espantada.

La tinta fue antes dibujo, viene a enseñarme una espera, viene cansada de rayas, de estupideces afuera, viene negando la noche, los colores, la patria, el mes de enero, el abrir de una vez la ventana.

Te saludo dinero, te saludo saludo verdadero, te saludo de mano, desde el empeño, desde el flujo de soldado, desde un motín de guerra.

Pervertido en las cosas que inventé, la calle es un horrible pasatiempo, un pasamanos del diablo, la hija en la frente del malo, el filo oscurecido.

Inventé la mano carcomida que disparó, inventé el aire, el fuego, la rapidez, la oportunidad de una bala y no he muerto, porque Dios es muy grande, dijeron.

No es eso, es el poeta en su ciclo. Es un proceso. Los poetas mueren donde las aves, desaparecen en el aire, nadie vuelve a ver sus cuerpos…la invisibilidad es solo una condición social de los poetas muertos.

HASTA ENTONCES