No cabe duda que la posición geopolítica y geoeconómica de México merezca la atención de la comunidad financiera internacional, y no estamos hablando de que nuestro país sea el eje del mundo, pero si un eslabón de una larga cadena que no parece interrumpirse dentro de dos procesos que avanzan simultáneamente en el mundo. Por un lado la globalidad que avanza a pasos agigantados acompañado de una gran revolución científico técnica, que trae aparejadas cambios en la organización, el patrón de energía y de la estrategia.

En dirección contraria los Estados Nacionales presas de corruptelas, endeudamientos inexplicables, tanto por las cantidades, como por la ausencia en su momento de inversión en actividades productivas, además de una extrema concentración de la riqueza en un numero tan limitado, que los dedos de la mano serían suficientes para contenerlos a todos. A todo esto se suma la impunidad y continuidad de una clase política insaciable, que en el caso de México nos muestra a una clase gobernante que rebasa los 65 años en promedio, siendo la clase política que ha retornado al poder con edades semejantes a las que tuvieron los hombres del porfiriato al concluir su periodo en 1911. Pero el problema no es en sí la edad, sino la ausencia de una visión de futuro, por lo que se refugia y coloca todas sus intenciones en recuperar un pasado hoy inexistente.

En el caso de México estas dos fuerzas se enfrentaron el año pasado en una lucha electoral y la contradicción surgió: el viejo PRI tuvo un candidato que nunca fue su militante y que abanderó la modernidad que significaba nuestra adhesión plena a la globalidad y por otro lado un movimiento nuevo de jóvenes en su mayoría que terminaron apoyando al México tradicional, con una clase política proveniente del PRI, constituyendo el PRIMOR y con la firme idea de un retorno al pasado. El punto es que esta opción hoy aparece como dominante, aunque sin una idea precisa del qué y el cómo.

En esa lucha electoral ya sabemos cual ganó y quienes perdieron todo y lo anterior hoy parece resumirse en ubicar la idea del futuro en el entorno petrolero y turístico que es el mismo sobre el que giró el siglo XX mexicano. En el primer caso con la leyenda perdida de la expropiación petrolera de hace 81 años y de las cuales ya no quedan testigos, pero si beneficiarios de la corrupción. Y el turismo producto también de otro populista como Luis Echeverría que abrió Cancún al turismo internacional y que hoy con el tren Maya arrasará la selva en Chiapas, Quintana Roo, Yucatán y Campeche.

Ante esto queda la interrogante ¿cuál es la viabilidad de estas propuestas donde estan en juego los recursos de la nación para invertir en dos refinerías y un tren turístico para la península de Yucatán y Chiapas? El análisis de estos propuestas no puede responderse con un si o un no rotundo, sino que atraviesa por la viabilidad de cada uno de los proyectos.

Comencemos por las refinerías que se cree que pueden estar en un termino de dos años funcionando. Para comenzar el proyecto petrolero que convirtió a México en el cuarto exportador mundial de crudo para construir las instalaciones de su plataforma petrolera en aguas someras y en tierra duró de 1976 a 1981 y tuvo un costo de 80,000 mdd. Contando por supuesto con un director general que era un experto en la materia como fue el Ing. Jorge Díaz Serrano. Los créditos de la banca internacional se abrieron generosamente debido a la escasez de crudo y al alto precio del barril. Se conjuntaron además con un periodo donde la economía mexicana se abría al mundo y múltiples inversiones vinieron a complementar el esfuerzo. Al mismo tiempo hubo sin embargo dos grandes errores: imprevisión y corrupción. La primera por considerar que la economía crecería linealmente y sin crisis, lo cual está demostrado que es absolutamente falso. Lo segundo estuvo dado por la ambición sin límite de una clase política que desvió múltiples recursos hacia sus arcas personales.

Después vendría la crisis, la década perdida de los años ochenta con la baja dramática del precio del crudo y con ello el fin de las ilusiones. Hoy se quiere volver a las viejas promesas, pero las condiciones históricas no se repiten jamás. Para comenzar vivimos una época en la que se busca desplazar al petróleo y sustituirlo por energías alternas y ya están los autos y las patentes de biocombustible en el mercado. A su vez la demanda del crudo hoy más que nunca está regulada por las corporaciones petroleras. Al mismo tiempo dichos proyectos de refinerías no cuentan con estudios de impacto ambiental y ya se han destruido los manglares del lugar. No hay licitación, sino voraces contratistas sin experiencia ni vinculación con el ramo petrolero y lo más importante la deuda de 90,000 mdd que pesa sobre la empresa y que no podrá solventarse ni siquiera en sus pagos de corto plazo, dicho en otros términos está quebrada.

Veamos el otro caso el del tren Maya que atravesará los pueblos de la selva. Frente a ellos el EZLN se ha opuesto y en cuanto a la valoración del proyecto este es recuperable en su inversión sólo de Tulum a Chichen Itzá, el resto no tendría demanda y si generaría conflictos. Tanto con Belice como con Guatemala, los pueblos indígenas y hay que considerar que es el paso de tráfico humano y de droga. ¿Dónde está pues el beneficio? pero sobre todo de ¿dónde van a venir los créditos?

Frente a los anteriores razonamientos hay que indagar sobre las fuentes de financiamiento, para ello existen a nivel mundial las calificadoras que están al servicio de los inversionistas y no de los receptores de capital. Estas analizan y proyectan la información; hacen estimaciones de futuro de corto, mediano y largo plazo; poseen información privilegiada de los mercados de capital y formulan diagnósticos que obviamente no serán en la mayoría de los casos favorables a los que solicitan el financiamiento. El punto más importante es que no podemos con argumentos ideológicos desviar un dictamen fundamentado. De esta manera no caben las excusas del pasado, pues ellas no califican la gestión de las empresas, ni les corresponde. Tampoco proceden sin escuchar y el caso es que al oír la propuesta de los directivos del nuevo régimen aumentaron el nivel de riesgo.

Lo tragicómico ha surgido la semana pasada en el sentido de que el Senado haría una ley para sancionarlas, multarlas por ir en contra del régimen. Definitivamente esto es una locura, como también decir que las perdonan. Mejor sería informarse, establecer metodologías rigurosas de evaluación y seguimiento de sus proyectos, reconocer y corregir en su caso las políticas económicas y con el mayor rigor reconocer que ningún país hoy en día es autárquico; que hay una comunidad internacional que orienta la demanda y no solo el mercado interno. Así que discutamos profesionalmente la viabilidad de las propuestas y luego comencemos a gastar, no a tirar el dinero de los contribuyentes a los que se nos exige ahorro y austeridad para un proyecto de viabilidad dudosa.