Tallo mis ojos. Siempre he tenido la impresión de que todo esto que vivimos es una metáfora. Pronto, nuestro cerebro nos dará a conocer las analogías reales.

Esta no es la atmósfera y los colores tal vez no existan, sólo las sensaciones.

Tal vez el cuerpo existe nada más en este universo confuso y bello. En alguna parte viéndonos ha de estar uno mismo.

Por la impresión la gente reúne papeles, montones de palabras, y hace un espectáculo que considera más o menos conveniente será su vida. Y es una farsa.

En otra parte se amontonan los huesos más allá del alma. No es este el único lugar adentro de esta casa ni es verdad que acaba el día; y la noche no existe, nadie ha oído hablar de ella.

Adentro me doy cuenta que tampoco adentro está uno. Por dentro la realidad que me persigue, me va encontrando.
Por dentro truenan los campos de concentración. Comienza a espolvorearse lo que un día fui. La verdad es esta hora. Siempre paralela.

Se presume que existo y lo asumo y contesto las preguntas que sean necesarias. Más o menos. Trato de conectar con frases cortas mi farsa para no dejar pasar tanto tiempo ni construir una gran bomba.

Existo porque escribo. Eso quiero creer. Tal vez en otra parte, a un lado, a millones de años luz alguien me lea desde ante de mi existencia. Esa es la equivalencia.

Reunidas en su puño de letras indescifrables, las analogías verdaderas cruzan y son destellos, parpadeos de instantes, creatividad fulminante en este lado de la vida.

Las analogías son como la lluvia en una ciudad con paraguas de muchos colores, los pórticos escolares, las líneas amarillas que señalan la vía del tráfico.

Tallo mis ojos y los abro todavía en el crisol de los acontecimientos. Frente a un monumento escucho los recuerdos de la ciudad. En el tendido de las avenidas veo venir el contenido múltiple de la vida. ¿Quién escoge a quién?
Sólo hay dioses. Las persianas anuncian ese sitio cotidiano al que pocos tienen acceso.

Adentro de esta ciudad hay otras por donde paso inadvertido. Creo que si de pronto volteo hacia uno de mis flancos, de manera repentina las descubro metidas en su propio mundo, con sus conversaciones y largos silencios.

En esta versión diversificada de una sola vida vivo. A la gran ciudad y al resto de viajeros los voy soñando. Mi vida es una sensación extraña.

HASTA ENTONCES