La gota del viento es de algún lugar del agua. No es nada más así que hubiera nacido. Hija del viento y del agua, una parte decidió ser agua y la otra mitad es de viento. Por eso viajan por separado.

El agua que se hizo viento pasa este trago amargo, este momento en los ojos. Es paja en el ojo.

La gota cristalina se dibuja en el cuaderno primero y luego ya de grande es un naufragio. Un madero cruzado. Es una gota de agua donde venga. No importa su pasado mojado.

En el silencio de los pescadores la gota de agua deletrea el ojo del pez en la red, la luna atrapada en el sueño que sueñan los pescadores descalzos. Y al revés.

La gota del viento en cambio es un manto sagrado atrás de la noche, un bosque del cuento que ha de contar en la oscuridad más culera un viejo. Es un silencio a huevo.

Gotea cristalinamente y se hace añicos desperdigados por el suelo, rodando como el mercurio antes de humedecerse. Hasta que pase lo que pase.

Una gota es una casa con ventanas para ver el mundo, el jardín y el sol. Una gota de agua derrama también una cuenca.

Es de vidrio el crisol del mundo, el mundo que la velocidad de la caída va creando. Sin fuerza, sin carácter, el agua sugiere un simple charco.

Una líquida gota, lago diminuto. Una gota que filtra el espectáculo de las arañas que detienen la luz.

La gota de viento más líquida que nunca, es lluvia antes de la lluvia, es miedo, ese presentimiento que anuncia la tormenta en el desierto. Y no llueve.

Gota de bartolina que agujera la cabeza, gota a gota de fiebre, de sudor, de perlas.

La gota de agua siempre vuelve con el aire. El aire hace rocíos, juguetes para las ventanas y los pétalos de las mañanas fotográficas y amarillas.

La gota ocurre y escurre por la piel, por el arroyo, por la llave que gotea como una piedra que baja por una escalera los pisos de la noche. Y nadie despierta.

El viento es un atajo mientras cae la otra noche donde mismo, le apura a dejarnos dormidos.

Una gota de agua en los vidrios, en los espejos que se rompen antes del rocío, en la maquiladora de nubes.

Si uno se fija, adentro de una gota de agua se fragua una tormenta gigantesca, pero uno no se fija. Hasta que llega el viento, el agua llora.

HASTA ENTONCES