Shakespeare escribió una deliciosa comedia con este nombre donde a partir de dos hermanos gemelos idénticos, logra construir una trama en la que se ven involucrados cada uno por separado y la resultante es una serie de situaciones grotescas que nada tienen que ver con el final que se hubiera esperado. En efecto la comedia de Shakespeare es ilustrativa de cuando una diversidad de actores generan cada uno para si una serie de expectativas y de posibles ventajas que se pretenden obtener, pero jamás calculan los costos probables que hay que pagar, se desestiman los riesgos, se ignoran las amenazas y el cálculo pasa de lo racional a lo fantástico. Tal es el caso del T-MEC que involucra a toda Norteamerica.

De lo anterior derivamos a cuatro sectores vitales que están directamente relacionados, aunque para cada uno de los actores tenga sobre el mismo cálculos y estimaciones diferentes que afectan a puntos nodales de su conexión con el mercado internacional siendo estos: el mercado laboral, el mercado energético, el mercado comercial de bienes y servicios y la exigencia de una oferta de garantía que ofrezca un marco de seguridad a los intercambios. Visto desde este ángulo pudiera parecer impecable la necesidad de un acuerdo que involucre estos temas y construya sobre las mismas intenciones el Tratado. Sin embargo es ahí donde la perspectiva y el calculo de los participantes ofrece panoramas contradictorios que podrían a corto plazo abrir severas cuarteaduras a estas intencionalidades y llevar a problemas que cuestionen incluso el crecimiento de nuestras economías.

Comencemos por el ámbito laboral. En ella las premisas de acuerdo van en la siguiente dirección: elevación de los salarios en México hasta volverlos competitivos con respecto a Estados Unidos y Canadá, ello que significaría incrementos que pudieran lograr un mínimo de 16 dólares la hora. Lo que representa disminuir la brecha salarial que la Universidad de Cornell plantea que hoy es de 1100 % entre México con respecto a Estados Unidos. Pues en caso contrario en industrias como la automotriz tendrían que asumir aranceles del 2%, puesto que a la fecha había sido más conveniente para ellas trasladar su producción a las plantas ubicadas en nuestro país, pero hoy lo que desean es que cada planta fabrique partes del proceso y esta se integre en el mercado Norteamericano.

La segunda son las características y perfiles de desempeño de los trabajadores y en ello destacan dos hechos: la primera es la alta selectividad de los trabajadores, no vistos como colectivo, sino contratados bajo las nuevas condiciones del mercado vía outsourcing, lo cual supone contratación individual, temporal y por obra determinada y lo anterior se asocia a la reducción de la demanda de trabajadores, pues estarían en áreas automatizadas que reclaman de personal experto en informática y programación, además de las competencias necesarias para la fabricación de partes de un producto cuyas características son que tienen una corta vida en el mercado por la investigación y desarrollo, que lleva al producto a ser desplazado del mercado y por tanto de sus procesos de elaboración, tecnologías y trabajadores.

Esta propuesta se vincula a la exigencia que marca el T-MEC de actualizar el marco jurídico laboral y por tanto a la ampliación de las reformas del régimen a anterior que mantienen la congruencia y continuidad de intención, la cual es coincidente con la economía del mercado y por supuesto con el Neoliberalismo. Lo cual no sería problema pero mete ruido en la promesa presidencial. Junto con lo anterior se debe destacar el problema del punto de partida del reclutamiento y las condiciones de trabajo las cuales tiene en la actualidad dos vías: el ingreso vía sindical controlado por las burocracias de las que emana corrupción o el sistema abierto donde el componente sindical no es el más importante, sino la vía de las competencias entendidas como habilidades, nivel educativo, conocimientos y capacidades probadas en el campo laboral. Lo que se reflejaría necesariamente en la productividad por trabajador y que conduce a la vía del reclutamiento individual.

Ahora bien donde están los caballos de Troya que introduce el nuevo tratado y están nada menos en las estimaciones de la clase política y sindical que padecemos. Para comenzar en materia salarial la política laboral del país ha multiplicado las fuentes de conflicto y el numero de huelgas ha crecido fuera de toda proporción, asumiendo la convocatoria las viejas burocracias sindicales que miran en los nuevos contratos colectivos su continuidad. Ahí está Napito y su nueva central y la resurrección de todas las entidades sindicales con sendas demandas que van por el todo o nada como en el caso del SITUAM cuyas demandas fuera de contexto las llevan a la posibilidad de extinción de su fuente de trabajo y a la pauperización extrema de sus bases.

Entendamos la huelga es inconcebible en una economía de mercado, parar la producción, detener el flujo de insumos y mercancías, no disponer de modernos puertos, aeropuertos y vías de comunicación es ahogar la economía, pues en un mundo de competencias el cierre de una fuente significa una oportunidad para las ofertas alternas que de inmediato satisfacen con creces las necesidades de la demanda. Por si fuera poco, si lograran incrementos notables como fue el caso del 20 % de la franja fronteriza tamaulipeca, esta se logró mediante un recorte significativo de personal y nuevas condiciones de trabajo. Y si alguien tiene la peregrina idea de aumentos al sector educativo, cabe decirles que si fuera el caso que alguna lo obtuviera, al día siguiente todo el sistema educativo se lanzaría a la huelga por el doble.

En cuanto a la nueva legislación federal del trabajo esta no podrá apartarse de las nuevas disposiciones del mercado: para la contratación colectiva se reclama poner un hasta aquí a las huelgas y contratos colectivos exclusivos del comité ejecutivo, pues reclamara de previo recuento entre las bases de su aceptación o rechazo a las propuestas; la socorrida venta de plazas tendrá que asumir su descrédito y desaparición, pues ha generado vicios que afectan el funcionamiento mismo de las instituciones y plantas productivas; tendrá que haber la posibilidad de libre afiliación o no y podrán existir varios sindicatos al interior de una empresa. A su vez el programa de ninis no muestra viabilidad pues quién contratará a alguien que viene de MORENA para que le forme un sindicato. El sindicalismo por tanto deberá asumir nuevas responsabilidades y sobre todo pasar de ser solo peticionario como demandante a negociar mediante ofertas productivistas las mejoras.

Entiéndase no estoy hablando de un mundo perfecto, por lo contrario, es entender que la nueva lógica del capital en el siglo XXI, que nos esta llevando por caminos opuestos a las pretendidas intenciones, de esta forma negando el modelo neoliberal estamos cayendo en sus manos y lo peor sin alternativas, pues nos negamos a reconocerlo y por tanto no tendremos la oportunidad siquiera de advertir sus ventajas. Finalmente, dejemos para las nuevas participaciones los otros tres puntos restantes: el sector de energía, el sector comercial y el ámbito de la seguridad como garante del nuevo tratado.