Cerca de Beijing es posible visitar parte de los restos de la muralla China. Este monumento a la idiotez no deja de asombrarnos, una muralla con un gran camellón en la parte media y con torreones de vigilancia que dominaban el terreno desde lugares lejanos. Pero fue insuficiente para contener la expansión de un pueblo bárbaro como eran los mongoles. Un buen día ellos llegaron al frente de la muralla y solo quisieron hablar con el general que cuidaba el sitio y la propuesta fue contundente: ¿cuánto te paga el emperador de China por cuidar su reino? y al darles la cantidad, la carcajada de los mongoles se hizo sentir y le advirtieron: “Con nosotros tendrás más del doble, únete a nosotros” y de inmediato la muralla cedió y los mongoles ocuparían China y abrirían paso a una nueva dinastía.

Lo mismo pienso de las fortalezas inexpugnables que no son otra cosa que una colección de debilidades, pues sus murallas y protecciones solo nos muestran los miedos y temores que mostramos frente al enemigo. Hoy día las propuestas de seguridad van desde las sandeces y caprichos hasta propuestas inteligentes y mecanismos de resolución. En este último punto radica el enfrentamiento que se manifiesta entre el Presidente y el Congreso Norteamericano cuya trama comienza y termina de parte de Trump para que se incluya una partida de 5600 millones de dólares para la continuación del muro que separa a México con Estados Unidos y que cubre una distancia de 3000 kilómetros de Tijuana a Matamoros, lo que según la nueva mayoría demócrata en la Cámara de representantes resulta inútil como medida de contención a la enorme migración ilegal.

La diferencia que podría ser negociada por medidas alternas como mayor numero de agentes migratorios, tecnología o propuestas más serias, ha llevado al presidente Trump a la postura extrema de todo o nada y lo último es el cierre el gobierno hasta no obtener esa cuantiosa suma para el muro. Las consecuencias no se pueden soslayar: es invierno y su crudeza podría paralizar extensas áreas el país; existen múltiples asuntos urgentes que atender que sumados a lo cotidiano podrían hacer concurrir y coincidir y atraer consecuencias de catástrofe, ante los cuales no habría forma de responder por tener la administración pública inactiva. Las cosas no concluyen ahí, miles de migrantes están frente a la frontera del lado mexicano y a ellos se les vendrán agregar miles cada día. Todo lo anterior sin sumarle los problemas que representan amenazas tales como el terrorismo o riesgos a su seguridad nacional.

Anoche en un derroche de melodrama Trump acusó a los demócratas de todo lo imaginable por no atender su capricho y la respuesta del Congreso no se hizo esperar y a través de la mayoría demócrata se le ofreció una respuesta definida: nada por presiones. Separación de la temática del muro de las medidas migratorias. En esta dirección las bases están puestas y esperemos que el capricho presidencial no continúe. Hasta aquí la polémica de Trump con el Congreso que de alguna manera tendrá que tener una salida para evitar continuar con la parálisis gubernamental.

Nuestro punto de interés radica en la afectación como mexicanos; conocemos la retorica del señor Trump con respecto a Mexico y los mexicanos, A los Centroamericanos a los que incluso llamó en alguna ocasión países de mierda, además de la clasificación en que nos tiene a todos los latinos como violadores, rateros, drogadictos y todos los adjetivos que ponen al descubierto su racismo, intolerancia propias de una personalidad autoritaria, tanto de Trump como de sus seguidores que por desgracia no son pocos. Pero el punto es ¿dónde está el gobierno mexicano?

Las premisas de Trump son conocidas, repetitivas, no hay sorpresa en ellas más que variantes de un radicalismo que es capaz de hundir su administración y ponerla en riesgo por salirse con la suya. Lo que me llama la atención es que si la mayoría demócrata despues del mensaje de Donald a la nación, de inmediato previó una respuesta rápida y contundente que se resume en que abra la administración y entonces negociemos medidas migratorias que no incluyan el muro. Lo que abre muestras de sensatez frente a la irracionalidad presidencial. Pero ¿cuál es la estrategia del gobierno mexicano? Hasta este momento declaraciones a destiempo que terminan ignoradas por cualquiera de los interlocutores.

Veamos una revisión de declaraciones de Trump: “México pagará el muro a través del nuevo Tratado de Libre Comercio»; respuesta de México ninguna, por parte de la nueva administración. «Los ilegales que demuestren la petición de asilo humanitario deberán salir a territorio mexicano en espera de su audiencia para resolución de su caso, lo que puede mantenerlos por tiempo indefinido»; respuesta del Canciller Ebrard días después fue negando cualquier acuerdo como tercer país de espera para los migrantes. La invasión de grupos de Centroamericanos por penetrar a territorio norteamericano en la madrugada del primero del año, que terminó en una batalla campal y en que lanzaron los de la migra granadas lacrimógenas contra los manifestantes en nuestro territorio, pero no tuvo como respuesta una nota de protesta por ese hecho y si fue utilizado por Trump para justificar su postura. La amenaza de cerrar de manera definitiva la frontera con México que seria equivalente a una amenaza de guerra, pero también ha sido ignorada.

Sabemos que estos asuntos que involucran nuestra soberanía. Que muchos lo toman como viniendo de un loco, pero ignoran que tiene en sus manos la mayor capacidad bélica que la historia humana haya conocido. Hay que entender por parte de la Cancillería y de la presidencia que frente a Trump hay que darle una respuesta inmediata, contundente y franca, no solo ante el presidente norteamericano, sino ante foros mundiales. Acudir a medios internacionales para destacar nuestra frontera y la crisis humanitaria en que viven los migrantes que atraviesan nuestro país. Y seguir el ritmo de Trump en su Twitter porque hacerlo fuera de tiempo es ridículo, inoportuno y carente de visión. Pero lo más importante insistir en iniciativas de solución ante el desastre de los migrantes, la crisis de los derechos humanos y establecer esto como política de Estado y no seguir vaivenes como la no intervención ante el grupo de Lima ante la crisis humanitaria y de legitimidad del régimen de Maduro.

Salgamos de la postura del observador y activemos una política exterior proactiva, que de respuesta inmediata y razonable a las acechanzas del imperio. Proyectemos nuevas propuestas y no las dejemos en el discurso sino que promovámoslas en un mundo multipolar, que busque para hoy nuevos caminos hacia la Paz, la democracia, el respeto a los derechos humanos, la no militarización de los conflictos, la negociación para alcanzar acuerdos, la transparencia y no corrupción y la cooperación internacional sobre todo en materia de crimen organizado y lo más importante: mantener la congruencia entre la política interna y la externa.