¿Qué ves cuando estás frente al espejo? ¿Cuáles son los defectos que te encuentras cada que escudriñas tu figura? ¿Cuáles son los rasgos que criticas en las personas que están a tu alrededor? ¿Qué cambiarías de tu cuerpo? ¿Crees que tu autoestima define tu apariencia?

Hace un par de años se popularizaron los programas televisivos en los que se tomaban personas comunes y se les hacían cambios de imagen que incluían maquillaje, corte de pelo, nuevo guardarropa y en algunos casos, cirugías ambulatorias o servicios dentales para corregir lo que los asesores de imagen consideraban defectos. Los participantes de este laboratorio de experimentación física comenzaban incrédulos hasta terminar rendidos ante el reflejo de su “nuevo yo” en el espejo.

Cuando era niña me encantaba ver estos programas, las nuevas hadas madrinas venían cargadas de ropa y maquillaje y tomaban cenicientas que terminaban convertidas en Narcisos. Al final del programa los participantes se reunían con sus cercanos en un festín de llanto, aplausos y vítores. No solo los rostros habían cambiado, también la mirada, el andar, la inflexión de la voz y la postura. El cuento de hadas no incluía magia, solo incluía un cambio de percepción personal.

Los medios y ciertas modas nos han hecho creer que solo un sector de la sociedad tiene derecho a verse y sentirse hermosa. Los comerciales, el cine, los programas de televisión e Instagram nos muestran ciertas pieles y ciertos cuerpos como los arquetipos de belleza. ¿Y los demás? Nos han educado en un eterno “todo o nada” y vamos por la vida anhelando la belleza a costa de despreciar lo que, para nosotros, son defectos irreparables.

En la novela “Dietland” de Sarai Walker se aborda el tema de la percepción personal de la belleza de una manera tan entrañable que nos hace replantearnos si es que la fealdad y la belleza son algo con lo que se nace o es algo con lo que se decide vivir.

Quizá el tema sea frívolo para algunos, pero yo sí creo que la belleza es algo importante para el estado anímico y emocional de las personas. ¿Y si en lugar de llevar al máximo nuestros “defectos” nos damos permiso de sentirnos hermosos? ¿Por qué dejar que el arreglo personal sea solo para ocasiones especiales y no para todos los días? ¿Por qué esperamos que alguien más nos tenga que decir lo bien que nos vemos para empezar a creer que también tenemos acceso a la belleza?

Quizá cambiar nuestra percepción personal sea el mejor cambio de imagen, quizá solo nos hace falta darnos permiso para ser hermosos cada día, todo el día.

Twitter: @cybarron