En el fondo de la calle tiemblan piedras nerviosas. Sopla el sopor del agua. El departamento de cortinas de humo, adelante camina, se brinca y se corre. Dime cómo te explico: esta parte como quiera la sacrifico.

Si hay alguien se sabrá en un momento dado, prestado, un momento acaso solo uno como la oportunidad del camino. Sea como sea yo tengo un destino.

A los costados los lugares terminan en techos de pasta, de zacate muerto. A todos o a nadie ha de gustarle esto, no quieran terminar en la acera.

Abajo un poste desvelado sostiene el barco, lo salva del aire detenido en el hambre. Estoy con la garganta doblando el alambre, de tantas calles te llevo prendida en la misma herida.

Son las tres de la tarde y hay sombra. Son rectas sobre la tierra, palabras que revotan en las mentalidades, no te creas, me dan para abajo los ministeriales

Adentro hay sonidos de un tango. Es pasado acaso, es que sueño. Ni se te ocurra pensar que no te quiero.
Anuncio mi llegada con los ojos vidriosos quebrados hacia adentro. No llego, me escamo en la esquina. Todo llevamos a dios y al diablo por dentro.

Cómo se llama esta calle. Cómo te dicen en las plazas cuando pasas, donde hay agujeros, escondrijos muy serios.
Las sábanas al aire simulan veleros en los patios, ve con ellos, ahora hay sueños. De felicidad se canta, en la voz variada, en la garganta. Pura delicia callada, con la tropa gandaya en la escafandra, sin agua. Vivos y muertos de toda la semana… yo soy un cabrón de los barrios.

El corazón revienta antes de empezar a latir, se cansa la huella de la pisada. Como cuando se agarra una piedra. Yo crecí en este barrio saliera como saliera. En la calle hay cicatrices felices.

Escucha el dueño del bar, el rotar de las risas dejadas, el principio de la pata pareja corriendo a la deriva entre millones de rezos, andando contigo en la espalda hay una bala.

Si quieres reclamo, si quieres volamos, deja que escurra esta calle por donde camino, eres la chica de mis sueños. Escúchame, déjame caer de lado de tu cuerpo que roce la pared grumosa de ladrillo.

De pronto el monto de banda escarpando las cercas, el montón de heno en las voces atragantadas de veras, el rap creando, raspando el acento.

Vengo de los martes, antes de caer. Vengo de lejos antes de tu boca, Y quiero decirte esto y más. Cuando estás quiero decirte en el callejón más allá a un lado el orgullo de las alegrías.

Porque hay también alfombra de lodo, porque hay también batos tramposos y alguien es agua con la llave que da al vaso. Sólo con saber que muevo los brazos y no vuelo pero corro al fondo de la calle donde todo comienza.
Decirte tantas cosas niña que de mí están hablando. Decir que este loco se volvió loco. Decir que asusta un perro, yo soy como el perro y no te quiero poco.

Más que todas esas cosas chidas en la calle, no a cualquiera se le ocurre ni le ocurre que te quiera. No sabes, solo sabes que te amo. Y no hay reclamo, escucha este timbre de voz cuando hablo.

Pero me vas a llevar en el viaje, en la calle de donde se entra y sale con un trapo colgado. Más que en este no creo se crezca en otro lado.

Vengo prendido, seguido de nadie, soy tu poli, tu agasajo, en la calle se deprende el trabajo, se desgaja el muerto, se hace pedazos.

HASTA ENTONCES