Buenos Aires, 7 May (Notimex).- La literatura mexicana se encuentra en un momento de experimentación que permite traspasar las fronteras de los géneros y de atreverse con nuevas experiencias estéticas que a la larga enriquecerán el arte en general, afirmaron hoy escritores mexicanos.

Carla Faesler, Daniel Saldaña París y Myriam Moscona participaron esta tarde en la mesa «Transitar fronteras: novelistas y poetas», en el marco de la 41 Feria Internacional del Libro (FIL) de Buenos Aires que recibe a la Ciudad de México como invitada de honor.

La experiencia común que une a los tres autores es que transitaron un largo camino desde la poesía tradicional hasta abarcar otros aspectos de la narrativa como la novela, o la poesía visual, en el caso de Faesler.

Moscona consideró que la imposición de fronteras entre los géneros «es algo que le ha venido muy cómodo a la crítica y a la academia, pero en realidad en los inicios, cuando se escribieron los grandes textos fundacionales, esas fronteras no existían».

Agregó que «toda esta movida fronteriza entre los géneros es una cuestión que empezó bastante después, ahora mismo la poesía visual se ve como una cuestión moderna, de vanguardia, óqué va! Lo que pasa es que en la antigüedad nadie se preguntaba si era poesía o qué tipo de escritura».

En su caso, contó que jamás se imaginó que, después de escribir tantos libros de poesía, iba a publicar «Tela de sevoya», su primera novela, la cual fue editada hace dos años y en la que desgrana una historia familiar en un lenguaje que fue nuevo para ella y que le permitió cruzar una frontera literaria.

«Siempre dije que jamás iba a escribir una novela, no porque la novela no me interesara, siempre he sido lectora, más bien nunca me sentí capaz de escribir un texto de narrativa y todavía sigo creyéndolo, a pesar de haberla publicado», dijo.

Daniel Saldaña París confesó su admiración por la obra de sus compañeras de mesa porque buscan transgredir lo que se espera de un poema, lo que las ha llevado a los terrenos de la poesía visual u otros experimentos colectivos que desechan la idea del poeta como un ser solitario.

«A mí me gusta escribir poesía sin saber bien qué es, jugar con el sonido de las palabras, al igual que Miriam comparto la necesidad de buscar otros formatos más hacia el arte contemporáneo, más hacia lo narrativo», dijo.

El autor, quien también cruzó la frontera de la poesía para llegar a la novela, celebró que esto ocurra cada vez con más frecuencia en México «porque la poesía mexicana fue una de las más autistas en el idioma español, estuvo muy encerrada en sí misma, con poca comunicación con otras artes».

En otras épocas, recordó, el poeta que se «atrevía» siquiera a emprender la escritura de una novela era visto como frívolo porque retaba a la tradición, «pero por suerte es una tendencia que se está fracturando y ha permitido que existan obras más excéntricas asomando a otros género, que es lo que me interesa ahora mismo».

Carla Faesler se asumió como parte «de esa inmensa minoría que somos los poetas» y contó cómo poco a poco fue experimentando con fotos u otro tipo de medios que ya no pertenecen a un solo género artístico visual ni narrativo.

«Tengo bien entendida esa necesidad mía de no quedarme en un género, de ser testigo de mi tiempo con la insurrección de los géneros y atender a una necesidad mía de experiencia estética integral», dijo.

También se alegró porque ahora mismo, en México, «se vive un momento muy rico, los artistas visuales y los escritores se están dejando llevar, manchar, influir por otros tipos de experiencias estéticas».