El Reloj del Apocalipsis, que simboliza un inminente cataclismo global, se mantiene a dos minutos de la medianoche, en especial por el uso de la información como arma para debilitar las democracias en todo el mundo, dijeron el jueves los científicos estadounidenses que lo ajustan cada año.

La aguja del reloj del Boletín de los Científicos Atómicos está tan cerca de la medianoche como lo estaba en 1953, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética probaban la bomba de hidrógeno.

No se ha movido desde el año pasado, pero esto «no debe tomarse como una señal de estabilidad», dijo a la prensa Rachel Bronson, directora de la organización, que reúne a expertos en seguridad, armas nucleares y temas ambientales.

Esta herramienta fue creada durante la Guerra Fría para advertir de los riesgos del fin del mundo, que simbólicamente ocurre a la medianoche.

Con el riesgo de una guerra nuclear, la aceleración del cambio climático y la multiplicación de las «fake news» (noticias falsas) como arma de desestabilización, «hemos entrado en un período que llamamos el nuevo anormal», añadió.

El inicio del diálogo entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong Un, ayudó a aliviar la tensión, pero «la situación sigue siendo muy peligrosa», dijo Bronson.

Las tensiones entre Estados Unidos y Rusia siguen siendo «inaceptables» y no se vislumbra ningún respiro en el medioambiente, con emisiones de gases efecto invernadero «aumentando de nuevo después de alcanzar un punto muerto», añadió.

«Además, hay un ecosistema de información cambiante que ha multiplicado las amenazas», continuó. Las «fake news» provocan «rabia y división en todo el mundo en un momento en el que necesitamos calma y unidad».

El exgobernador de California Jerry Brown, presidente del Boletín de los Científicos Atómicos, consideró, por su parte, que los líderes del mundo no han hecho lo suficiente para reducir el riesgo de una guerra nuclear.

«La ceguera y la estupidez de los políticos y de sus asesores es verdaderamente chocante frente al peligro de la catástrofe nuclear», declaró. «Somos como los pasajeros del Titanic: no vemos el iceberg frente a nosotros pero disfrutamos de buena comida y de la música».