Pachuca, Hidalgo.- Jesús Sánchez Uribe construye imágenes que son reflejo de los espacios interiores que habita, 25 de estos “acomodos plásticos”, como bautiza a su obra, componen la muestra Con ojos propios, una pequeña retrospectiva en torno a poco más de 40 años de trabajo.

La Sala Nacho López de la Fototeca Nacional, en Pachuca, Hidalgo, acogerá desde el jueves 5 de junio y hasta el 20 de julio esta exposición que hila los “asombros desquiciados” de Sánchez Uribe (1948), fotógrafo que prefiere ser considerado un creador de imágenes y a quien en 2011 el Sistema Nacional de Fototecas le entregó la Medalla al Mérito Fotográfico.

De esta manera, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reconoce una vez más la obra de quien es considerado un pionero en México de la llamada Fotografía Construida, sin embargo, él prefiere denominarla “fotografía rejega”, destinada a causar sorpresa porque puede alterar la percepción que se tiene del mundo material.

A inicios de los años 70 del siglo pasado, luego de que aprendiera los fundamentos del oficio en el Club Fotográfico de México, bajo la tutela de Alejandro Parodi, lo que de alguna manera deseaba Jesús Sánchez Uribe era deformar un poco la realidad, hacer la contraparte de aquello que decía el pintor Paul Klee: El arte no reproduce lo visible, lo vuelve visible.

Con ojos propios reúne fotografías donde la materia orgánica aparenta estrellas marinas que viajan en el cielo o frutos fecundos de caracoles que flotan bajo el mar, geometrías inciertas y sombras veladas, escenas venidas de ningún lugar o de cualquier parte, según se quiera ver, creadas en blanco y negro que es sobre todo una fuente de abstracción.

La subjetivación estética siempre se ha vinculado a la vanguardia fotográfica. El crítico Carlos Ruz vincula la fotoconstrucción con la cara creativa y el lado subversivo de esta disciplina. Para Jesús Sánchez Uribe, en realidad, toda fotografía es construcción.

Para ello se vale de toda posibilidad matérica, orgánica y táctil: el esqueleto de un pescado, las hojas de un árbol, tierra y conchas de mar. “Lo que hago en realidad es poner mucha basura y esos residuos encuentran un arreglo propio. Sobre el escáner, todos estos elementos en aparente caos, hallan un orden”.

Desde los años 90, Sánchez Uribe “abandonó” las cámaras e hizo del escáner su principal herramienta de trabajo, este aparato le permitió el juego con la materia, la que ha sido una inquietud constante dentro de su labor. Sobre su superficie luminosa “surge una imagen que realmente uno no controla, composiciones que me controlan e indican el camino”.

Tal vez este acomodo consustancial de la materia que genera imágenes “extravagantes y extrañas” está vinculado con la propia naturaleza del autor de las imágenes, quien se confiesa caótico en el proceso de su trabajo. “Difícilmente mis series rebasan cinco imágenes. No tengo una rutina como tal, sólo me divierto mucho.

“En ese sentido, de no ir en contra de mi naturaleza, acepté mis imágenes y fui separándome del carácter documental de la fotografía; comprendí que podía dotar a las imágenes con una expresión personal, de modo que, en un principio, intenté más que ilustrar, esconder. Lamentablemente, por más que uno esconda, siempre se muestra algo”, finalizó.

vmp