En el disco The Shape of Jazz to Come (1959), Ornette Coleman (1930-2015)  aparece con la imagen juvenil de sus 29 años de edad. Un joven músico que presentaba lo que sería una de las grandes piezas del jazz: “Lonely woman”. En sus 4 minutos 58 segundos de duración, el saxofonista logró sintetizar lo que es el arte musical.

De la canción, el mismo Coleman alguna vez dijo cómo la concibió: “Cuando trabajaba en un gran almacén de Nueva York, un día, durante la hora del almuerzo, me encontré con una galería en la que alguien había pintado una muy rica mujer blanca que tenía todo lo que puedas desear en la vida, pero su expresión era la más solitaria del mundo. Nunca había enfrentado tanta soledad, y cuando llegué a casa, escribí “Lonely woman”.  Ayer, el compositor que sentó las bases del free jazz, falleció a los 85 años a causa de un paro cardiaco.

Un año después de lanzar  The Shape of Jazz to Come, aparece el otro álbum esencial de Coleman: Free jazz, con el cual da un giro al género y le cambia sus estructuras de composición y ejecución. John Coltrane (1926-1967) dijo en 1963 en una entrevista con Jazz Magazin: “Sí, me siento en deuda con él, porque cuando llegó, yo estaba en las estructuras armónicas y no sabía a dónde iría. Nunca pensé abandonar los acordes y entonces lo escuché y dije: bueno, ésa es la respuesta”. Coltrane grabaría el disco Avant garde con piezas de Coleman.

Pero Coleman no sólo fue el gran compositor, sino creó un sistema filosófico sobre el género: “Pienso que el sonido tiene una relación más democrática que la información, porque no hay necesidad de alfabeto para comprender la música”, dijo en 1997 en una conversación con el filósofo francés Jacques Derrida, al que invitó a uno de sus conciertos.

Nacido el 9 de marzo de 1930 en Fort Worth, en Texas (Estados Unidos), Coleman liberó el jazz de sus estructuras repetitivas y clchés. Lo volvió libre y la improvisación era su fuerte.

“La improvisación es más libre, porque cada uno la experimenta a su manera. No lo llamo componer, lo llamo gramática del sonido”, dijo en una entrevista y Sound Grammar  fue el título del disco que, en 2007, le propició el premio Pulitzer.

CONDOLENCIAS. “Lloramos la muerte de la leyenda del jazz Ornette Coleman, que bendijo nuestros escenarios con numerosas actuaciones a lo largo de los años”, dijo en un comunicado el Lincoln Center, el principal complejo artístico de Nueva York y sede del festival de jazz más importante de la ciudad.

“Gracias por toda la música, Ornette, tú eras verdaderamente ‘¡algo más!’”, decían desde la discográfica de jazz Blue Note, que lo tuvo bajo contrato, jugando con el título de su álbum de debut Something Else!!!!

Desde la Recording Academy que otorga los Grammy, premio que recibió de forma honorífica en 2007. Su última actuación fue en junio de 2014 en un concierto homenaje en el Prospect Park de Nueva York, organizado por su único hijo, Denardo, aunque se le vio en público el 22 de febrero de este año en una cena homenaje a Yoko Ono.

PERFIL. Coleman tocaba la trompeta y el violín, pero su instrumento fue el saxo alto, aunque como su admirado Charlie Parker, llegó a él por casualidad, pues en 1949 después de un concierto en Baton Rouge (Luisiana), a éste le y destrozaron su saxo tenor.

Con su nuevo compañero, el alto, hizo las maletas y se fue Nueva Orleans, donde se unió a la banda Pee Wee Crayton, que le llevaría a Los Ángeles y ya en 1958 grabó su primer disco.

Dos años más tarde grabó el disco Free Jazz, junto a Cherry y Freddie Hubbard, entre otros, y con él juró bandera por la libertad.

Admiraba el bebop de Parker y Dizzy Gillespie, pero él necesitaba más flexibilidad. “La música no es un estilo, es una idea”, aseguraba. Y en esas ideas cabía la ontología y la metafísica”.

Con carátulas con pinturas de Jackson Pollock, con escritores como Thomas Pynchon tomándolo como base para personajes en sus novelas (en concreto, el McClintic Spehere de “V”) o David Cronenberg fichándolo para trabajar en la banda sonora de su película The Naked Lunch, Coleman acabó siendo aceptado por la alta clase intelectual.

También participó en programas tan populares como el Saturday Night Life, aunque con el paso del tiempo, en el siglo XXI, llegaría a decir, con tono cascarrabias, que “el jazz no es una música para todo el mundo”. La reacción universal de desolación que su pérdida ha dejado, en cambio, contradice esta afirmación.