Por unos motivos o por otros, el estrés suele estar muy presente en nuestra vida (más en la vida de unos que de otros). No somos conscientes del peligro que esto conlleva para nuestra salud mental.

El estrés es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes. Nuestra vida y nuestro

entorno, en constante cambio, nos exigen continuas adaptaciones; por tanto, cierta cantidad de estrés (activación) es necesaria. Pero los excesos no son buenos. Los eventos externos como generadores de estrés no necesariamente deben ser muy notorios o intensos, sino que pueden “acumularse” en sus efectos hasta que llegamos al límite.

El estrés no es algo puntual que nos pasa a veces y luego se va y todo sigue igual, si no que puede acumularse y producir a largo plazo problemas en la salud mental. El estrés que sufren las personas cada día les puede afectar a su salud cognitiva en un futuro. En concreto, son las respuestas emocionales negativas a molestias cotidianas las que tiene este “efecto acumulativo”.

Padecer estrés y ansiedad a menudo nos puede llevar a tener graves problemas de salud mental que pueden perjudicarnos mucho. Por ejemplo, algo tan cotidiano como discutir con la familia, el tráfico, las largas colas en ciertos organismos… hacen que “perdamos los nervios” y esto se va acumulando hasta que nuestra mente no puede más y se manifiesta con una enfermedad mental. Es importante controlar nuestras emociones, vivir en paz, vivir tranquilo, practicar deporte para descargarnos, comer bien… En definitiva, disfrutar de la vida sin alteraciones.