Lo primero que hizo Vicente Fernández Gómez al abrir el primer ejemplar de «El adiós de un grande» —libro en el que el charro de Huentitán comparte algunos pasajes de su vida— fue escribir en la primera página una íntima dedicatoria a su mujer, Cuquita Abarca, quien es una figura central en esta obra.

El libro, del que se imprimieron 6 mil ejemplares, salió a la venta este miércoles a través de la página electrónica del cantante (vicentefernandez.com) como parte de los preparativos del concierto con el que se despedirá el próximo 16 de abril en el Estadio Azteca.

«No es exactamente mi vida, son pasajes, porque si pongo mi vida completa, hasta ahora me dura mi mujer», bromea Fernández desde la terraza de su casa, en el rancho «Los Tres Potrillos», en Tlajomulco, donde constantemente recibe visitas de familiares y amigos.

De pronto, entre las páginas emerge una fotografía de Cuquita enmarcada por la inconfundible figura de Chente portando su sombrero de charro; el cantante detiene el paso de las páginas y presume que él fue quien realizó esa composición manipulando las imágenes con photoshop; su gusto por la tecnología es algo que no oculta.

«Mi mujer es mi mujer, es la mitad de Vicente Fernández (…) Casarse con Vicente Fernández no tiene chiste, pero casarse con el Vicente Fernández de hace 52 años sí tenía chiste, no sabíamos si íbamos a tener para comer siquiera», dice y evoca algunos de sus recuerdos más felices.

RECUERDOS DIFÍCILES

Aunque en este libro no habrá revelaciones, el cantante no evita capítulos difíciles de su vida, como cuando sus hijos Vicente y Gerardo nacieron de 6 meses y junto con su esposa tuvo que improvisar una incubadora con una tina de agua caliente y un foco para carnitas. «Fue muy difícil, estuvimos de arrimados con mi suegra».

La producción de «El adiós de un grande» se llevó cuatro meses de preparación, aunque asegura que lo que le tocó a él lo hizo tan sólo en cuatro horas.