Hace unos dos años, Katy Perry, la famosa mejor pagada del año, le echó el ojo a una propiedad en las colinas que separan Silver Lake de Griffith Park, en Los Ángeles. En el terreno, de más de 2 mil metros cuadrados, está situado el convento de estilo italiano de las monjas del Inmaculado Corazón de María y un lugar de retiro para curas.

Perry decidió comprarlo, hizo una oferta de 13 millones de dólares, pagados en efectivo; y el pasado mes de mayo se reunió con las cinco religiosas que quedan, pero que no viven allí desde 2011, para ganarse su favor. Según contó Los Angeles Times, la cantante, hija de pastores evangélicos, vistió más recatada de lo habitual, les enseñó su tatuaje en el que se lee «Jesús», recuperó sus dotes para el gospel cantando con ellas «Oh, Happy Day», y les contó que quería comprar la propiedad para vivir allí con su madre y su abuela.

Tres de las religiosas quedaron satisfechas. Pero a otras dos, Rita Callahan y Catherine Rose Holzman, Perry no les convenció y cerraron otro trato con la restauradora y promotora inmobiliaria Dana Hollister por 14 millones. Y ahí empezó la pelea porque la archidiócesis de Los Ángeles asegura que tienen la propiedad del terreno; y, por lo tanto, las monjas no tienen derecho a venderlo.

El pasado 19 de junio la archidiócesis denunció a Hollister, que ya había empezado a instalarse en la propiedad, y, por ahora, han conseguido una orden judicial que obliga a suspender la venta del convento.

NO LES GUSTA LA CANTANTE

En unos documentos publicados el pasado viernes sobre el juicio, se lee que la venta a la diva del pop no sentó bien, «por lo que deberían ser razones obvias viniendo de monjas católicas». «Sentimos que estamos siendo obligadas a violar nuestros votos religiosos», dicen las hermanas Catherine Rose y Rita, que cuando oyeron el nombre de Katy Perry por primera vez no lo reconocieron, y al buscarlo en Internet y encontrar sus videos no se quedaron «muy contentas» con lo que vieron.

La archidiócesis alega que la oferta en efectivo de Katy Perry es mejor, y, además, los curas podrían seguir yendo al lugar de retiro durante los dos próximos años mientras son recolocados en un nuevo edificio que se compraría con 4 millones de la oferta de la cantante. Un lugar que ya ha sido elegido, y sería gestionado por las monjas.