El bostezo se transmite muy fácilmente de persona a persona pero resulta que no es el único reflejo humano que se contagia. La molesta picazón también pasa de uno a otro individuo con la misma fluidez, concluyó una investigación científica.

«Es posible que las redes neuronales o mecanismos que subyacen a la picazón contagiosa sean similares a los involucrados en al bostezo, un fenómeno muy estudiado pero que sin embargo no está claro. El cerebro contribuye tan fuerte a la picazón que al comprenderlo podríamos desarrollar futuras terapias que alivien este impulso de rascarse», dijo Gil Yosipovitch, del Centro Médico Baustista Wake Forest (Estados Unidos).

Las conclusiones fueron publicadas en la revista especializada The British Journal of Dermatology.

Picazón compartida- El objetivo de Yosipovitch fue comprender más a fondo los mecanismos neurales por los cuales la picazón se contagia visualmente de una persona a la otra. La investigación trabajó con personas que sufrían de dermatitis atópica, una enfermedad crónica de la piel que genera picazones de distinta intensidad.

Los voluntarios miraron fragmentos cortos de videos donde siempre aparecía una o más personas rascándose o relajadas. Los autores examinaron como el comportamiento de cada uno de ellos cambiaba frente a estas imágenes, y notaron que la intensidad y la frecuencia del rascado se incrementaron frente a los videos de gente con picazón.

Yosipovitch subrayó que el rascado inducido visualmente por contagio se difundió ampliamente por el cuerpo de los voluntarios. «Esto muestra que el poder del cerebro es extremo. Habla del centro de nuestro ser, de ser particularmente vulnerables a las sugestiones del rascado ya que desencadena fácilmente una respuesta en el sistema nervioso central», dijeron los autores.

Yosipovitch reconoció que su estudio es preliminar y se debe investigar el tema más a fondo. El especialista considera que conociendo mejor el mecanismo de contagio de la comezón será posible diseñar técnicas de relajación, meditación o fármacos que impacten en las áreas específicas del cerebro que reducen la severidad de la picazón.