En mayo pasado, un hombre de edad avanzada fue internado en el hospital Monte Sinaí de Brooklyn para practicarle una cirugía en el abdomen. Una prueba de sangre reveló que estaba infectado con un germen recién descubierto tan mortal como misterioso.

Este germen, un hongo llamado Candida auris, ataca a la gente que tiene un sistema inmunitario debilitado, y se está propagando en silencio por todo el mundo. Recientemente, C. auris llegó a Nueva York, Nueva Jersey e Illinois, lo que provocó que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) lo añadieran a una lista de gérmenes clasificados como “amenazas inmediatas”.

El anciano murió en ese hospital tras 90 días de hospitalización, pero C. auris no lo hizo. Las pruebas lo detectaron en todos los rincones de su habitación, en una forma tan invasiva que el hospital requirió un equipo especial de limpieza y tuvo que quitar parte de las losetas del piso y el techo para erradicarla.

C. auris es así de tenaz, en parte, porque es inmune a los principales fármacos antimicóticos, lo que lo convierten en un nuevo ejemplo de una de las amenazas a la salud más intratables del mundo: la aparición de infecciones resistentes a los medicamentos.

Durante décadas, los especialistas en salud pública han advertido que el uso indiscriminado de antibióticos estaba disminuyendo la eficacia de los fármacos que habían aumentado la esperanza de vida por su capacidad de curar las infecciones bacterianas que alguna vez fueron comúnmente mortales. Sin embargo, recientemente también ha habido un auge de hongos resistentes a los medicamentos.

“Es un problema enorme”, señaló Matthew Fisher, profesor de Epidemiología de las Enfermedades Fúngicas en la Escuela Imperial de Londres. “Dependemos de poder tratar a esos pacientes con antimicóticos”.

En términos sencillos, los hongos, al igual que las bacterias, están desarrollando defensas para sobrevivir a los medicamentos modernos. Un estudio financiado por el gobierno británico calcula que, si no se establecen políticas para frenar el aumento de la resistencia a los medicamentos, en 2050 podrían morir diez millones de personas en todo el mundo a causa de esas infecciones, lo que superaría a los ocho millones de personas que se pronostica que morirán de cáncer ese año”.

Los antibióticos y antimicóticos son esenciales para combatir las infecciones que contraen las personas, pero los antibióticos también se emplean ampliamente para prevenir enfermedades en los animales de granja, y los antimicóticos también se aplican para evitar que se pudran los cultivos agrícolas. Algunos científicos mencionan pruebas de que el uso cada vez mayor de fungicidas en los cultivos está contribuyendo a la aparición de hongos resistentes a los medicamentos que infectan al ser humano.

A pesar de que el problema está aumentando, hay poco conocimiento por parte de la población, en parte debido a que la existencia de infecciones resistentes con frecuencia se mantiene en secreto.

Los hospitales y los gobiernos locales son renuentes a publicar la aparición de los brotes, tanto de bacterias como de hongos, por temor a que los consideren focos de infección.

C. auris, el cual infectó al hombre hospitalizado en el hospital Monte Sinaí, es uno de las decenas de bacterias y hongos peligrosos que han desarrollado resistencia. Sin embargo, como la mayoría de ellos, es una amenaza prácticamente desconocida para la población.

Otras cepas destacadas del hongo Candida —uno de los causantes más comunes de las infecciones en el torrente sanguíneo que se presentan en los hospitales— no han desarrollado una resistencia importante a los fármacos, pero más del 90 por ciento de las infecciones causadas por C. auris son resistentes al menos a un medicamento, y el 30 por ciento son resistentes a dos o más fármacos, afirmó el CDC.

Según el CDC, casi la mitad de los pacientes que contraen C. auris fallecen en 90 días. No obstante, los especialistas a nivel mundial no han determinado de dónde vino en primera instancia.

“Es una criatura de la laguna negra”, señaló Tom Chiller, director del departamento dedicado a los hongos en el CDC. “Surgió en algún sitio y ahora está en todas partes”.

No es necesario hacerlo público

A finales de 2015, Johanna Rhodes, especialista en enfermedades infecciosas de la Escuela Imperial de Londres, recibió una llamada de emergencia del Royal Brompton Hospital en las afueras de Londres. C. auris llevaba meses instalado ahí y el hospital no podía deshacerse de él.

“‘No tenemos idea de dónde viene. Nunca hemos escuchado de él. Solo se extendió como el fuego’”, Rhodes afirma que le dijeron. Aceptó ayudar al hospital a identificar el perfil genético del hongo y eliminarlo de las habitaciones.

Se estaba propagando, pero no se dijo nada. Este hospital, un centro especializado en padecimientos del pulmón y del corazón que atiende a pacientes adinerados de Medio Oriente y de toda Europa, alertó al gobierno británico y les informó a los pacientes infectados, pero no hizo declaraciones públicas.

Este pánico silenciado está surgiendo en los hospitales de todo el mundo. Las instituciones y los gobiernos nacionales, estatales y locales se han mostrado renuentes a divulgar la presencia de los brotes de las infecciones resistentes con el argumento de que no tiene caso asustar a los pacientes actuales… ni a los futuros pacientes.

Silke Schelenz, infectóloga del Royal Brompton, consideró “muy, muy frustrante” la falta de celeridad por parte del gobierno y del hospital en las primeras etapas del brote.

“Evidentemente, no querían perder su buena reputación”, señaló Schelenz. “No había afectado nuestros resultados quirúrgicos”.

Para finales de junio de 2016, un artículo científico informó acerca de “un brote en curso de 50 casos de C. auris” en el Royal Brompton, y el hospital tomó una medida extraordinaria: cerró su sala de terapia intensiva durante once días, una vez más, sin hacer ninguna declaración.

Unos días después, finalmente el hospital reconoció el problema en un periódico. Un encabezado de The Daily Telegraph advertía: “Sala de terapia intensiva cerrada tras la aparición de un nuevo y mortal supergermen en el Reino Unido”.

Sin embargo, poco se supo del asunto a nivel internacional, aunque ya había comenzado un brote incluso más grande en Valencia, España, en el Hospital Universitario y Politécnico de La Fe. Al igual que el Royal Brompton, este hospital español no emitió ningún comunicado, y aún no lo ha hecho.

El secreto indigna a los abogados de los pacientes, quienes afirman que la gente tiene derecho a saber si existe algún brote. “¿Por qué diablos estamos leyendo sobre un brote casi un año y medio después, y no está en las primeras planas al día siguiente de que ocurre?”, comentó Kevin Kavanagh, presidente de Health Watch USA, una organización sin fines de lucro para la defensa de los pacientes.

Los funcionarios de salud señalan que publicar la presencia de brotes atemoriza a los pacientes por una situación acerca de la cual no pueden hacer nada, en especial cuando los riesgos no son claros. “Ya es lo suficientemente difícil para los especialistas en atención médica descifrar estos organismos”, comentó Anna Yaffee, quien trabajaba en el CDC como investigadora en materia de brotes. “En verdad es imposible comunicarlo a la población”.

Los funcionarios de Londres sí alertaron al CDC sobre el brote en el Royal Brompton cuando estaba ocurriendo. Y el CDC se percató de que tenía que difundir esa información en los hospitales de Estados Unidos. El 24 de junio de 2016, el CDC lanzó una advertencia a todo el país y abrió una cuenta de correo electrónico, candidaauris@cdc.gov, para recibir preguntas. Snigdha Vallabhaneni, integrante clave del equipo especialista en hongos, esperaba recibir muy pocos comentarios, “tal vez un mensaje al mes”.

No obstante, a las pocas semanas, su buzón reventó. Según el CDC, en Estados Unidos se había informado de 587 casos de personas que habían contraído el C. auris. Los síntomas —fiebre, dolor y fatiga— aparentemente son comunes, pero cuando una persona se infecta, en especial si no es muy saludable, esos síntomas comunes pueden ser letales.

¿Hay alguna participación de los pesticidas?

Debido a que el CDC trabaja para restringir la propagación del C. auris resistente a los medicamentos, sus investigadores han estado intentando responder a esta inquietante pregunta: ¿de qué parte del mundo llegó?

La primera vez que los médicos se encontraron con C. auris fue en el año 2009 en Japón; estaba en el oído de una mujer (auris quiere decir oído en latín). En ese momento, parecía un primo inocuo de las infecciones micóticas comunes fácilmente tratables. Tres años después, apareció en Nijmegen, en los Países Bajos, en un resultado poco común de una prueba en el laboratorio del microbiólogo Jacques Meis, quien estaba analizando una infección en el torrente sanguíneo de dieciocho pacientes procedentes de cuatro hospitales de India. Pronto empezaron a surgir cada mes nuevos grupos de C. auris en diferentes partes del mundo.

Cuando los investigadores del CDC compararon el genoma entero de muestras de auris de India, Pakistán, Venezuela, Sudáfrica y Japón, descubrieron que su origen no era de un solo lugar, y que no había solo una cepa de auris. La secuencia del genoma mostró que había cuatro versiones diferentes del hongo, con diferencias tan grandes que indicaban que estas cepas se habían separado hacía miles de años y que habían surgido como patógenos resistentes de cepas inofensivas del medioambiente en cuatro lugares diferentes al mismo tiempo.

“De alguna manera, dio un salto, aparentemente, casi de manera simultánea y al parecer se propagó, y es resistente a los fármacos, lo que en verdad es asombroso”, comentó Vallabhaneni.
Existen diferentes teorías sobre lo que sucedió con C. auris. Meis, el investigador neerlandés, señaló que él pensaba que los hongos resistentes a los medicamentos se estaban desarrollando debido al uso excesivo de fungicidas en los cultivos.

A Meis le interesaron los hongos resistentes cuando escuchó sobre el caso de un paciente en los Países Bajos de 63 años que falleció en 2005 a causa de un hongo llamado Aspergillus. Se comprobó que era resistente a un tratamiento antimicótico de vanguardia llamado itraconazol. Ese fármaco es prácticamente una copia de los pesticidas de azol que se espolvorean en los cultivos de todo el mundo.

Chiller, del CDC, alberga la teoría de que quizá el C. auris se aprovechó del uso excesivo de los fungicidas. Tiene la idea de que el C. auris en realidad ha existido durante miles de años, y no era un germen especialmente agresivo. Sin embargo, a medida que los azoles empezaron a destruir hongos más comunes, llegó la oportunidad de C. auris para llenar el vacío.

Sigue sin resolverse el misterio del origen del C. auris, y parece que por el momento su procedencia es menos importante que detener su propagación.