México,D.F.- Investigadores del Departamento de Productos Naturales del Instituto de Química (IQ) de la UNAM, encabezados por Mariano Martínez Vázquez, obtuvieron, a partir de las plantas guayule (Parthenium argentatum) y cuachalalate (Amphipterygium adstringens), compuestos antiinflamatorios y anticancerígenos que ya probaron con resultados favorables en ratones.

Los universitarios han observado que, en roedores a los que les inocularon células cancerosas humanas, los compuestos son menos tóxicos y más efectivos que los medicamentos anticancerígenos convencionales y, además, no dañan las células normales.

El guayule y el cuachalalate contienen gran cantidad de triterpenos, sustancias con actividad antiinflamatoria y enorme capacidad para inhibir la proliferación de células cancerosas humanas.

Martínez Vázquez y sus colaboradores trabajan con modelos xenográficos (animales con trasplantes de cánceres humanos o de otros tejidos); así, implantan células tumorales humanas en ratones atímicos o desnudos, sin pelo.

Estos animales de laboratorio tienen el sistema inmune deprimido debido a una mutación genética, lo que permite que puedan recibir tejidos enfermos de otras especies sin experimentar rechazo.

En comparación con fármacos como el cisplatino, los investigadores encontraron que sus compuestos tienen la misma potencia para reducir el crecimiento tumoral. Ahora ven cuáles son los blancos de su molécula.

“Tenemos varias vías de señalización celular y ya sabemos que nuestros compuestos atacan preferentemente dos enzimas: la AKT y la NF-kappa, las cuales se sobre expresan en diferentes cánceres. Trabajamos principalmente con la AKT porque se manifiesta en forma por demás clara en dos tipos de cáncer comunes: de próstata y mama”, apuntó.
Los científicos del IQ llevan a cabo los estudios en colaboración con Alejandro Centella Dehesa, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, quien también hace análisis en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

Asimismo, Martínez Vázquez y su alumno de doctorado, Ibrahim Guillermo Castro Torres, demostraron en un estudio experimental las propiedades de la llamada hierba del sapo (Eryngium heterophyllum) para combatir la hipercolesterolemia o los niveles elevados de colesterol en la sangre, alteración metabólica considerada como el principal factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares por aterosclerosis.

Entonces, los científicos empezaron a trabajar con roedores normales y con colesterol elevado: compararon los efectos de sus compuestos, obtenidos a partir de la hierba del sapo, con los de la pravastatina   (medicamento utilizado contra el colesterol alto), y vieron que la planta tiene propiedades para disminuir los niveles del lípido en la sangre.

vmp